La alegría es nuestra brújula y la esperanza nuestro camino. Hace siete años, México vivió un despertar cívico sin precedentes; millones de corazones latieron al mismo ritmo para decirnos unos a otros que un país distinto sí era posible. Hoy, al celebrar el séptimo aniversario del triunfo del pueblo, no solo conmemoramos una fecha electoral, celebramos la victoria de la fraternidad sobre el olvido.
Desde mi querido Nezahualcóyotl, tierra de gente noble y trabajadora, abrazamos este festejo con la certeza de que estamos del lado correcto de la historia. Recordamos con inmensa gratitud a quien nos enseñó que el amor al pueblo es la esencia de la política: nuestro líder y referente histórico, Andrés Manuel López Obrador. Él sembró en la conciencia nacional la semilla del Humanismo Mexicano, demostrándonos que "por el bien de todos, primero los pobres" no es solo una frase, sino un imperativo ético que transformó la vida pública de nuestra nación.
Esa semilla hoy florece bajo el liderazgo de nuestra Presidenta Constitucional. Es un orgullo indescriptible ver que la continuidad de este proyecto tiene la sensibilidad, la inteligencia y la firmeza de una mujer de ciencia y de lucha. Con ella, estamos construyendo el Segundo Piso de la Transformación, donde la honestidad y la cercanía con la gente siguen siendo nuestra bandera.
Y es aquí donde quiero hablarles desde el corazón a mis compañeras: la Transformación es, y será, con las mujeres. En estos siete años, hemos pasado de la resistencia a la incidencia. Hoy, cada niña de Neza, cada joven estudiante, cada madre jefa de familia, puede verse reflejada en el liderazgo nacional y saber que sus sueños son válidos. La política humanista que practicamos pone al centro los cuidados, el bienestar y la dignidad de quienes sostienen a la sociedad.
Defender la Transformación hoy significa organización y unidad. Nuestra militancia no es de confrontación, es de construcción. Defender este proyecto es seguir caminando las calles, tocar cada puerta y mirar a los ojos a nuestros vecinos para escucharles y servirles.
Nuestra mejor defensa es seguir dando resultados, gobernando con el ejemplo y manteniendo encendida la llama de la revolución de las conciencias.
Celebramos siete años de dignidad recuperada. Celebramos que el gobierno ya no es ajeno, sino parte del pueblo mismo. Sigamos caminando juntas y juntos, con la alegría como estandarte, porque donde hay amor al pueblo, hay transformación.
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¡Que viva la fuerza de la gente! ¡Que viva nuestra Presidenta! ¡Que viva la Cuarta Transformación!




