El Banco de México decidió mantener en 6.5 por ciento la tasa de interés de referencia, en una decisión unánime que confirma la pausa monetaria y marca una señal relevante frente al rumbo adoptado por la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed).
La decisión ocurre en un escenario en el que las presiones sobre los precios volvieron a ganar fuerza. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la inflación general anual llegó a 3.42 por ciento durante la primera quincena de septiembre de 2026, luego de un incremento quincenal de 0.33 por ciento en el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC).
Con ello, la Junta de Gobierno del banco central mexicano mantiene la tasa en el mismo nivel por cuarta reunión consecutiva, mientras evalúa la evolución de la inflación, el tipo de cambio y las condiciones de la economía nacional.
La decisión adquiere particular relevancia porque se produjo apenas una semana después de que la Fed modificara su propia postura monetaria. El banco central estadounidense elevó el 16 de septiembre su rango objetivo para los fondos federales en 25 puntos base, hasta ubicarlo entre 3.75 y 4 por ciento.
México, sin embargo, optó por mantener su propia ruta.
Banxico no seguirá automáticamente los movimientos de la Fed
La determinación del Banco de México deja sobre la mesa una señal clara: las decisiones de política monetaria en México no están atadas de manera automática a las acciones de la Reserva Federal.
El comportamiento de las tasas estadounidenses es un elemento importante para México, particularmente por sus posibles efectos sobre los flujos financieros, el tipo de cambio y el diferencial entre los rendimientos de ambos países. Sin embargo, la política monetaria mexicana también responde a las condiciones internas y al comportamiento de los precios.
En su decisión del 24 de septiembre, la Junta de Gobierno mantuvo el objetivo para la tasa de interés interbancaria a un día en 6.50 por ciento. Los registros del propio Banco de México confirman que ese nivel se mantiene como la tasa objetivo vigente al 24 de septiembre.
La diferencia de rumbo frente a Estados Unidos no implica que México ignore lo que ocurre al otro lado de la frontera. Por el contrario, el diferencial de tasas continúa siendo un elemento relevante para los mercados financieros. La cuestión es que Banxico está tomando en cuenta un conjunto más amplio de variables antes de modificar nuevamente el costo del dinero.
Inflación vuelve a colocar presión sobre la política monetaria
El dato de inflación publicado este jueves por el INEGI forma parte del contexto que explica la cautela del banco central.
Durante la primera quincena de septiembre, el INPC aumentó 0.33 por ciento frente a la quincena previa y la inflación anual se ubicó en 3.42 por ciento. La inflación subyacente, que permite observar una tendencia de precios con menor exposición a componentes particularmente volátiles, avanzó 0.17 por ciento quincenal. Dentro de este componente, las mercancías aumentaron 0.13 por ciento y los servicios 0.21 por ciento.
El dato general se encuentra todavía por debajo del registrado en el mismo periodo de 2025, cuando la inflación anual fue de 3.74 por ciento. Sin embargo, el repunte observado durante septiembre introduce un elemento adicional de cautela para las próximas decisiones del banco central.
La inflación, por tanto, vuelve a ocupar el centro de la discusión. Después del ciclo de reducción de tasas que llevó el costo del dinero hasta el nivel actual, la autoridad monetaria enfrenta ahora el desafío de determinar cuándo existen condiciones suficientes para continuar modificando su postura.
La pausa monetaria llega en un momento distinto para México
El escenario actual también debe observarse a partir de la trayectoria que ha seguido la tasa mexicana.
Los datos del Banco de México muestran que la tasa objetivo se encontraba en 7 por ciento al cierre de 2025 y actualmente se ubica en 6.5 por ciento. En septiembre de 2025, un año antes, el nivel era de 7.75 por ciento.
Esto significa que, aun con la pausa vigente, el costo de referencia del dinero se encuentra por debajo de los niveles registrados un año atrás.
La decisión de mantenerla sin cambios permite al banco central observar con mayor claridad cómo evolucionan los precios después de los ajustes previos y cómo reaccionan variables como el consumo, la inversión, el crédito y el tipo de cambio.
Para los hogares y las empresas, la tasa de referencia tiene efectos indirectos sobre el costo del financiamiento. Una tasa elevada tiende a encarecer créditos y puede moderar el consumo y la inversión; una reducción, en sentido contrario, puede favorecer condiciones financieras menos restrictivas, aunque también debe considerarse su impacto potencial sobre la inflación y otras variables financieras.
Estados Unidos endurece su postura mientras México conserva la suya
El contraste con Estados Unidos es uno de los elementos centrales de la decisión de este jueves.
El Comité Federal de Mercado Abierto de la Fed aprobó el 16 de septiembre un incremento de 25 puntos base, llevando su rango objetivo de fondos federales a entre 3.75 y 4 por ciento. La institución estadounidense señaló que la inflación permanece elevada y que la medida busca favorecer un regreso oportuno hacia su objetivo de 2 por ciento.
México, en cambio, dejó su tasa en 6.5 por ciento.
Este diferencial no es menor para los mercados. Las variaciones en las tasas de Estados Unidos pueden modificar los incentivos de inversión entre activos denominados en dólares y pesos, además de influir en las condiciones financieras internacionales.
Sin embargo, la decisión de Banxico muestra que la respuesta de la política monetaria mexicana se determina a partir de las condiciones nacionales y no como una réplica inmediata de cada movimiento de la Fed.
¿Qué sigue para las próximas decisiones?
La permanencia de la tasa en 6.5 por ciento no significa que el nivel quede fijado de manera indefinida. El escenario para las siguientes reuniones dependerá de la trayectoria de la inflación, el comportamiento del tipo de cambio y el desempeño de la actividad económica.
El dato de 3.42 por ciento de inflación anual publicado este jueves será, por ello, una referencia importante para el análisis de las próximas semanas.
La pausa también permite evaluar los efectos acumulados del ciclo de flexibilización monetaria previo. Para Banxico, el reto consiste en equilibrar el combate a las presiones inflacionarias con las condiciones necesarias para que el crédito y la actividad económica puedan desenvolverse sin generar nuevas presiones sobre los precios.
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En este escenario, la decisión de mantener la tasa en 6.5 por ciento representa una etapa de espera y evaluación. México mantiene su propia estrategia monetaria frente a un entorno internacional en el que la Reserva Federal tomó una dirección distinta.
La señal para los mercados es que el siguiente movimiento de Banxico estará condicionado principalmente por la evolución de las variables nacionales. La inflación vuelve a ser el principal punto de atención, mientras el banco central conserva margen para evaluar con mayor información cuál debe ser el siguiente paso de su política monetaria.




