El final de año vino con la noticia del fallecimiento de Francisco Barrio, hecho que dejó un profundo pesar entre sus familiares y amigos para quienes comparto mi más sentido pésame.
Barrio fue un actor central en la alternancia en el poder y la transición democrática. Su labor más relevante vino desde su postura opositora más que desde su faceta de gobernante. En los años ochenta el régimen político carecía de espacios de pluralidad y la lógica del partido de estado lo consumía todo, desde esta realidad supo articular un discurso que logró convocar a un amplio sector ciudadano que fue fundamental para cambiar el mapa político en Chihuahua y México. Una postura ruda, frontal y voluntariosa hizo de su posición la de un bárbaro del norte inflexible frente a un poder centralista y corrompido. Sus mítines, tomas de caseta y acalorados debates en la calle, suponen lo más auténtico de su carrera política, que pasó por el triunfo histórico en ciudad Juárez, su lucha contra el fraude del 86 y su llegada a la gubernatura.
Existió un tiempo en el que los panistas se sentían orgullosos de serlo. La afirmación resulta lejana en nuestros días, donde la imagen de Xóchitl Gálvez custodiada por Alito Moreno y donde el orgullo de cogobernar con el PRI es común moneda de cambio. A la generación de Barrio le tocó luchar, en muchos escenarios junto con la izquierda, por el respeto al voto y el fin de un partido de estado. El imperativo moral de separar las razones de gobierno de los intereses de partido, fue una causa enarbolada con firmeza misma que hoy en día ha quedado en el olvido.
El PRIAN ha sido un frankestein con diversos pasajes y episodios, su nacimiento se encuentra en el Salinato, donde ambos reconfiguraron el orden constitucional. Posteriormente les unió el deseo de implantar a rajatabla el modelo neoliberal. Durante estas décadas mantenían una sana distancia y autonomía. Pero en el 2006 la fracción priista en la Cámara avaló la desaseada elección, posteriormente el PRI fue comparsa del calderonato, favor devuelto con creces durante el sexenio de Peña Nieto y el fracaso del pacto por México.
Existe un grupo dentro del PAN que reclama que este partido tenga vida propia, postura apegada a su tradición histórica y una definición operativa que corte la idea de ser o tener al PRI como apéndice. En ese intento -necesario para nuestra democracia- la figura de Barrio y su acción política como opositor es materia prima si es que el PAN desea repensarse de manera honesta.
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