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Círculo Político MX

Cientos de israelíes ingresan a Al Aqsa durante Sucot y tensan el estatus histórico de Jerusalén

El recinto de la mezquita de Al Aqsa, uno de los lugares más sensibles de Jerusalén Este, volvió a quedar en el centro de la tensión religiosa y política durante la celebración de Sucot, luego de que cientos de israelíes ingresaran al complejo para realizar oraciones, rituales y cantos judíos bajo protección de la policía israelí.

De acuerdo con el Departamento Islámico de Waqf de Jerusalén, alrededor de 700 israelíes, entre ellos el ex diputado Moshe Feiglin, entraron este miércoles 30 de septiembre al recinto durante el quinto día de Sucot. La incursión ocurrió mientras continuaban restricciones para el acceso de palestinos musulmanes al lugar, según reportes de autoridades palestinas citados por Al Jazeera.

El episodio vuelve a poner sobre la mesa la disputa alrededor del llamado statu quo de los lugares sagrados de Jerusalén, un arreglo histórico que establece las condiciones de acceso y culto en el complejo conocido por los musulmanes como Al Haram al Sharif y por los judíos como el Monte del Templo.

Al Aqsa, en el centro de una disputa religiosa y política

El complejo de Al Aqsa es uno de los sitios más importantes del islam y, al mismo tiempo, constituye un espacio de enorme relevancia para el judaísmo.

El régimen histórico que rige el lugar establece que el Waqf Islámico de Jerusalén, organismo vinculado a Jordania, mantiene la administración religiosa del recinto. Bajo ese esquema, los no musulmanes pueden realizar visitas en determinados horarios, pero la práctica de oraciones y rituales religiosos no musulmanes dentro del complejo no forma parte del acuerdo tradicional.

Por ello, las imágenes y reportes sobre grupos de israelíes realizando ceremonias religiosas en los patios de Al Aqsa generan una controversia que rebasa el ámbito estrictamente religioso.

El debate involucra también la administración del sitio, el acceso de las comunidades religiosas y la situación política de Jerusalén Este, territorio ocupado por Israel desde 1967 y posteriormente anexado por el gobierno israelí, una medida que no es reconocida por buena parte de la comunidad internacional.

En julio pasado, ministros de Relaciones Exteriores de ocho países árabes y de mayoría musulmana condenaron incursiones de grupos de colonos israelíes en el complejo y advirtieron que estas acciones pueden alterar el régimen histórico y jurídico de los lugares sagrados de Jerusalén.

Sucot incrementa la tensión en el recinto

La nueva incursión ocurre durante Sucot, festividad judía que este año se celebra del 26 de septiembre al 2 de octubre.

El periodo de fiestas judías ya había estado acompañado por episodios similares en Al Aqsa. El 28 de septiembre, durante el tercer día de Sucot, cientos de israelíes ingresaron nuevamente al complejo bajo protección policial. En aquella ocasión también participó el ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir.

La presencia de Ben-Gvir ha añadido una dimensión política a las visitas. El funcionario ha ingresado en distintas ocasiones al complejo y ha defendido públicamente una mayor presencia judía en el lugar.

Durante la incursión del 28 de septiembre, las autoridades de la Gobernación de Jerusalén informaron que alrededor de 900 personas habían entrado al recinto durante la mañana. También señalaron que las fuerzas israelíes cerraron calles y cruces cercanos para facilitar los desplazamientos relacionados con las celebraciones de Sucot.

El episodio de este 30 de septiembre se produce, por tanto, dentro de una sucesión de ingresos registrados durante las festividades religiosas.

Restricciones para palestinos

Uno de los aspectos que ha generado mayor controversia es la diferencia entre el acceso de los grupos israelíes y las restricciones impuestas a palestinos musulmanes.

Al reportar los acontecimientos del 30 de septiembre, Al Jazeera señaló que mientras los israelíes realizaban rituales y cantos en los patios del complejo, continuaban restricciones para la entrada de palestinos musulmanes. La información fue atribuida a la agencia palestina Wafa y a la Gobernación de Jerusalén.

El acceso a Al Aqsa ha sido un asunto recurrente de tensión durante los últimos años, particularmente en periodos de festividades religiosas judías y musulmanas.

Las autoridades israelíes suelen argumentar razones de seguridad para establecer controles, cierres o restricciones alrededor de la Ciudad Vieja y del recinto. Del lado palestino, estas medidas son denunciadas como limitaciones al derecho de culto y como modificaciones de las condiciones históricas de acceso.

El papel de la policía israelí

Los ingresos de grupos israelíes al complejo se producen con presencia de fuerzas de seguridad israelíes.

El Departamento Islámico de Waqf señaló que los aproximadamente 700 israelíes que ingresaron este miércoles estuvieron acompañados por protección policial.

La presencia de las fuerzas de seguridad resulta relevante porque el acceso al recinto no ocurre en un contexto exclusivamente religioso. Las autoridades israelíes mantienen control de seguridad sobre el área, mientras el Waqf conserva la responsabilidad administrativa religiosa conforme al régimen histórico.

Esta separación entre control de seguridad y administración religiosa es uno de los elementos que explican la complejidad del lugar.

En los últimos meses, además, se han registrado episodios que organizaciones palestinas y gobiernos de países árabes y musulmanes han considerado intentos de modificar gradualmente las condiciones existentes.

En julio, ocho países —Egipto, Indonesia, Jordania, Pakistán, Qatar, Arabia Saudita, Turquía y Emiratos Árabes Unidos— expresaron su rechazo a las incursiones de colonos y ministros israelíes en Al Aqsa y pidieron preservar el régimen histórico del recinto.

Una disputa que trasciende la religión

El conflicto alrededor de Al Aqsa no puede separarse del estatus político de Jerusalén Este.

Israel tomó el control de Jerusalén Este durante la guerra de 1967 y posteriormente incorporó el territorio mediante una medida que la comunidad internacional no reconoce ampliamente. La situación de Jerusalén continúa siendo uno de los asuntos centrales del conflicto israelí-palestino.

Por esa razón, cualquier modificación en las condiciones de acceso, culto o administración de los lugares sagrados puede adquirir una dimensión política inmediata.

El propio historial de incursiones durante 2026 muestra esa sensibilidad. En agosto, el ministro Itamar Ben-Gvir ingresó nuevamente al complejo acompañado de colonos y personal de seguridad, mientras realizaba rituales judíos. El episodio provocó condenas palestinas y volvió a abrir el debate sobre el futuro del statu quo.

En abril, durante la festividad de Pésaj, también se registraron intentos de introducir animales al área del complejo para realizar sacrificios religiosos. El Waqf y autoridades palestinas denunciaron entonces un aumento de este tipo de acciones.

Jerusalén enfrenta una nueva etapa de tensión

La incursión del 30 de septiembre ocurre mientras las festividades judías avanzan hacia su conclusión y en un escenario regional marcado por una elevada tensión política.

Sucot terminará el 2 de octubre y posteriormente se celebrará Simjat Torá, el 3 de octubre, por lo que las autoridades y comunidades religiosas enfrentan todavía varios días de actividad vinculada con el calendario judío.

El desafío inmediato consiste en evitar que las diferencias alrededor del acceso y los rituales en los lugares sagrados deriven en nuevos episodios de confrontación.

Para los palestinos y el Waqf, preservar el régimen histórico de Al Aqsa implica mantener la administración religiosa islámica y las condiciones tradicionales de culto. Para grupos israelíes que buscan ampliar la presencia judía en el complejo, las visitas y rituales representan una reivindicación religiosa vinculada con su interpretación histórica del lugar.

Entre ambas posiciones existe una disputa que no se limita a la práctica religiosa. Involucra soberanía, control territorial, derechos de culto y el futuro de Jerusalén.

La nueva entrada de cientos de israelíes durante Sucot vuelve a colocar esa disputa frente a la comunidad internacional. Mientras las autoridades palestinas denuncian modificaciones al régimen histórico, Israel mantiene sus mecanismos de seguridad y grupos religiosos israelíes continúan intentando ampliar su presencia en el complejo.

Al Aqsa permanece así como uno de los puntos más sensibles de Jerusalén: un espacio sagrado para millones de personas y, al mismo tiempo, uno de los escenarios donde las tensiones políticas entre israelíes y palestinos se manifiestan con mayor intensidad.