Claudia Sheinbaum respondió con firmeza a las críticas de Marco Rubio contra la estrategia de seguridad de México y llamó a los políticos estadounidenses a no utilizar al país como tema de campaña rumbo a las elecciones de noviembre.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo elevó este jueves el tono frente a las recientes declaraciones del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, quien cuestionó los resultados de México en el combate contra los cárteles y advirtió que Washington tendría que enfrentar esa amenaza “de una forma u otra”.
Desde la Mañanera del Pueblo, la mandataria sostuvo que las declaraciones del funcionario estadounidense deben entenderse también dentro del contexto electoral de Estados Unidos y reiteró un mensaje que ya había planteado frente a otros políticos de ese país: México no debe convertirse en un recurso de propaganda electoral.
“Ellos tienen elección en noviembre, y como hemos dicho, que no usen a México en su campaña”, afirmó Sheinbaum. Añadió que Estados Unidos tiene sus propios problemas y que “no se debe usar a México como parte de la campaña electoral de Estados Unidos”.
La postura de la presidenta ocurre después de que Rubio afirmara el miércoles, durante su visita a Quito, Ecuador, que la lucha mexicana contra los cárteles “no es ni de lejos suficiente”. El secretario de Estado estadounidense también sostuvo que existen amplios territorios de México que, según su apreciación, no están bajo control del Estado y advirtió que Washington tendría que enfrentar la amenaza criminal “de una forma u otra”.
Sheinbaum pone un límite a la presión de Washington
La respuesta de Claudia Sheinbaum mantiene una línea que la mandataria ha repetido durante los últimos meses: cooperación con Estados Unidos, pero sin subordinación y sin permitir que México sea utilizado como instrumento político.
En julio pasado, después de las críticas de un congresista republicano por la política mexicana hacia Cuba, Sheinbaum ya había señalado que México no debía ser utilizado como tema de las campañas estadounidenses y había resumido su posición con una frase contundente: “México no es piñata de nadie”. En aquella ocasión también sostuvo que existe coordinación con Washington, pero “sin subordinación”.
Ahora, el escenario vuelve a colocar la seguridad y el combate al crimen organizado en el centro de la relación bilateral.
La diferencia es que las nuevas declaraciones provienen directamente de Marco Rubio, uno de los principales funcionarios de la administración de Donald Trump. El secretario de Estado reconoció que México ha realizado más acciones contra los grupos criminales que en periodos anteriores, pero consideró que los resultados todavía son insuficientes desde la perspectiva de Washington.
Rubio también planteó que Estados Unidos busca trabajar junto con México, aunque dejó abierta la posibilidad de una actuación estadounidense “de una forma u otra” si considera que la amenaza no es atendida.
Para el Gobierno mexicano, sin embargo, la cooperación internacional no implica ceder la conducción de la estrategia de seguridad ni aceptar señalamientos que pretendan presentar a México como un país sin capacidad institucional.
México responde con resultados de su estrategia de seguridad
Frente al discurso de Washington, el Gobierno de Claudia Sheinbaum ha colocado sobre la mesa resultados concretos de la Estrategia Nacional de Seguridad, que tiene cuatro ejes: atención a las causas; consolidación de la Guardia Nacional; fortalecimiento de la inteligencia e investigación, y coordinación con las entidades federativas.
De acuerdo con cifras oficiales presentadas por la Presidencia, el promedio diario de homicidios dolosos pasó de 86.9 casos en septiembre de 2024 a 40.8 en agosto de 2026, una reducción de 53 por ciento. El Gobierno federal señala que agosto de 2026 registró el promedio más bajo de toda la serie histórica disponible desde 2015.
El balance oficial también reporta que entre el 1 de octubre de 2024 y el 31 de agosto de 2026 fueron detenidas más de 67 mil 200 personas por delitos de alto impacto, mientras que se aseguraron 34 mil 353 armas de fuego y se inhabilitaron 2 mil 771 laboratorios clandestinos y áreas de concentración.
Estas cifras forman parte del argumento con el que el Gobierno de México sostiene que sí existe una ofensiva sostenida contra las organizaciones criminales.
El propio Segundo Informe de Gobierno de Sheinbaum había reportado que, de octubre de 2024 a julio de 2026, se habían detenido 63 mil personas relacionadas con algún delito, entre ellas 207 objetivos prioritarios de organizaciones delictivas; además, se habían decomisado 32 mil 824 armas de fuego y 519 toneladas de droga.
La estrategia, además, no se limita al despliegue policial o militar. El Gobierno federal ha colocado la atención a las causas como uno de sus componentes centrales, mediante acciones comunitarias, servicios públicos, empleo, educación, salud y actividades de prevención.
En ese mismo periodo se realizaron 665 Ferias de Paz y se otorgaron más de un millón de atenciones, de acuerdo con el balance presentado por la Presidencia.
La cooperación con EU, sí; la subordinación, no
La respuesta de Claudia Sheinbaum ocurre en una relación bilateral marcada por la cooperación en seguridad, pero también por constantes desencuentros respecto a la manera en que Estados Unidos evalúa y comunica los resultados mexicanos.
La propia administración de Sheinbaum ha informado sobre mecanismos de colaboración con autoridades estadounidenses, particularmente en materia de intercambio de información, combate al tráfico de drogas, extradiciones y persecución de organizaciones criminales.
En agosto, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana informó que México mantenía 155 órdenes de detención con fines de extradición relacionadas con investigaciones de agencias estadounidenses, además de reportar un fortalecimiento de las capacidades nacionales de inteligencia e investigación.
Es decir, la relación de seguridad entre ambos países no se encuentra suspendida. Por el contrario, existe coordinación operativa en distintos frentes.
El punto de fricción está en quién define la estrategia y bajo qué condiciones.
Sheinbaum ha insistido en que México puede colaborar con Estados Unidos desde una posición de igualdad y respeto mutuo. El planteamiento político es claro: cooperación sí, intervencionismo no.
Rubio endurece el discurso contra México
Las declaraciones del secretario de Estado estadounidense tuvieron lugar durante una gira por Colombia, Ecuador y Perú, en la que Washington busca reforzar la cooperación regional en materia de seguridad y combate al narcotráfico.
En Quito, Rubio afirmó que existen “vastos territorios” en México que no estarían gobernados por el Estado y sostuvo que los cárteles representan una amenaza para las instituciones mexicanas y para la seguridad estadounidense.
También mencionó el asesinato de candidatos, políticos, jueces y periodistas como parte de los riesgos asociados con el crimen organizado y habló de las capacidades financieras y tecnológicas de estos grupos.
Aunque planteó que la opción preferida de Washington es trabajar conjuntamente con México, su advertencia de que la amenaza tendría que enfrentarse “de una forma u otra” elevó la tensión del discurso bilateral.
El mensaje llega además en un contexto electoral estadounidense. Las elecciones legislativas de medio mandato se celebrarán en noviembre de 2026 y la propia Sheinbaum ha señalado que algunos actores políticos estadounidenses han intentado colocar a México dentro de sus disputas electorales.
Desde Palacio Nacional, la presidenta ha optado por responder sin plantear una ruptura de la cooperación, pero sí fijando límites frente a cualquier intento de utilizar la relación bilateral como herramienta electoral.
“México no es tema de su campaña”
La posición de Sheinbaum no es nueva, pero adquiere mayor fuerza cuando el señalamiento proviene de un funcionario de alto nivel del Gobierno de Estados Unidos.
La presidenta sostiene que los problemas de seguridad de México deben ser atendidos por las instituciones mexicanas, con coordinación internacional cuando sea necesaria, pero bajo el principio de soberanía nacional.
En ese sentido, su llamado no implica desconocer el desafío que representa el crimen organizado. El Gobierno federal reconoce la existencia de grupos criminales con capacidad de fuego, recursos financieros, redes internacionales y presencia territorial.
La diferencia está en la respuesta.
Para la administración federal, la solución pasa por inteligencia, investigación, coordinación institucional, fortalecimiento de las fuerzas de seguridad y atención de las causas sociales de la violencia.
Por ello, el mensaje de Sheinbaum frente a Rubio busca colocar la discusión en otro terreno: México no aceptará que sus problemas sean convertidos en munición electoral en Estados Unidos.
La presidenta también ha llamado a que la política estadounidense se concentre en sus propios desafíos y que cualquier diferencia bilateral sea procesada mediante los canales institucionales correspondientes.
Una defensa de la soberanía en medio de la presión electoral
La disputa verbal entre Claudia Sheinbaum y Marco Rubio abre un nuevo capítulo en una relación que combina intereses económicos, migratorios y de seguridad profundamente vinculados.
México y Estados Unidos comparten una extensa frontera, cadenas productivas, comercio, migración y retos de seguridad. Precisamente por esa interdependencia, la cooperación resulta necesaria.
Pero desde Palacio Nacional, Sheinbaum insiste en que esa cooperación debe construirse entre gobiernos soberanos y no mediante presiones públicas que busquen colocar a México como responsable de los problemas políticos internos de Estados Unidos.
El mensaje de este jueves fue directo: que Estados Unidos atienda sus propios problemas y que México no sea utilizado como pieza de campaña.
Mientras Washington endurece su discurso sobre los cárteles, el Gobierno mexicano responde con cifras, operativos y una estrategia propia de seguridad.
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Claudia Sheinbaum, por su parte, mantiene la línea que ha marcado su política exterior: diálogo y colaboración con Estados Unidos, pero siempre desde la defensa de la soberanía nacional.
En un escenario electoral que promete aumentar la presión sobre México, la mandataria deja claro que la relación bilateral podrá tener diferencias y momentos de tensión, pero que la seguridad nacional y las decisiones del Estado mexicano no serán definidas desde las urnas estadounidenses.




