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Círculo Político MX

"Coahuila, la última trinchera del PRI." Por Valeria Torres

En Coahuila hay una constante que atraviesa sexenios, campañas y discursos: el PRI nunca espera a que la gente decida. Decide antes. Reparte antes. Se adelanta antes. Y luego construye un relato para fingir que todo ocurrió conforme a la ley.

Lo que hoy vemos no es una desviación coyuntural. El uso del gobierno estatal para posicionar mensajes como “Vota por Coahuila”, la promoción desde el poder y el silencio de un ecosistema mediático dependiente forman parte del mismo patrón. Es un modelo político que sustituyó la competencia democrática por la administración anticipada del poder. Durante años, en Coahuila la política no se resolvió en las urnas, sino en acuerdos previos.

Ese patrón tiene memoria. Cuando Manolo Jiménez aún era candidato, ya operaba como si el resultado estuviera definido. Se negociaban espacios, se repartían territorios y se alineaban estructuras antes de que la ciudadanía decidiera. La señal fue clara: la elección no es el momento central del poder, solo su formalización tardía.

Hoy ese esquema reaparece desde el gobierno. Manolo Jiménez utiliza la investidura, los recursos públicos y la comunicación institucional para adelantarse al proceso electoral. “Vota por Coahuila” no es un mensaje neutro: es un llamado político emitido desde el poder, disfrazado de identidad y orgullo local. El Estado deja de ser árbitro y se convierte en actor.

El silencio de los medios no es accesorio. La dependencia de la pauta oficial redujo el costo político de cruzar límites. Sin escrutinio, el adelantamiento se normaliza; sin crítica, la ilegalidad se vuelve paisaje. Así se sostiene una percepción de estabilidad que no necesariamente coincide con la realidad social.

Este es el PRI de Coahuila en su forma más reconocible: un partido que ya no persuade, pero todavía condiciona; que perdió centralidad política, pero conserva reflejos de control. No es un PRI fuerte, es un PRI defensivo. Y la política defensiva siempre busca ventaja antes de que el terreno se nivele.

Hay una razón de fondo. Coahuila no es un estado más para el PRI: es uno de los últimos que gobierna, su principal bastión territorial y una de sus últimas fuentes de control político y financiero. Perder Coahuila no sería una derrota local, sería un golpe estructural a su capacidad de operar a nivel nacional.

Por eso el adelantamiento. Por eso la sobreexposición. Por eso el uso del gobierno para cruzar la línea electoral antes de tiempo. No es fortaleza, es miedo.

En Coahuila no solo se aproxima una elección, se pone a prueba un modelo. Adelantarse, pactar y callar funcionó durante años. En el escenario que viene, ese mismo comportamiento puede convertirse en su mayor debilidad.

El PRI no se adelanta porque puede; se adelanta porque sabe que perder Coahuila significaría perder mucho más que un estado: significaría perder su último bastión de poder.