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Círculo Político MX

"Construir soberanía no debe ser un simple panfleto"

 

El nuevo periodo de gobierno de Donald Trump ha marcado grandes diferencias respecto a su gestión anterior. Entre ellas se encuentra la apertura de una política caracterizada como post “cínica”, es decir, el grupo de mandatarios que acompañan la política imperial de la Casa Blanca han sido descarados en un cúmulo de situaciones, que si las hiciera alguien mínimamente progresista, sería un escándalo, pero como lo hace el imperio, no ha existido ningún órgano internacional capaz de siquiera intentar poner un alto.

Trump inauguró su periodo de gobierno cuestionando el financiamiento que por años han ido asignando al fascismo en Ucrania y cómo Zelensky ha mal gastado y estafado a Estados Unidos, intentando así, tutelar mesas de negociación con Rusia que hasta el momento han sido un rotundo fracaso. 

Han solidificado más sus lazos inquebrantables con el sionismo y Netanyahu no ha sido enjuiciado, a pesar de ya ser encontrado culpable, por el genocidio palestino. 

Se atrevieron a secuestrar a un mandatario constitucionalmente electo, inventando cargos, mismos que el Departamento de Justicia a la postré terminó eliminando, después de haber sido incluido en la lista de organizaciones terroristas. Aún así mantienen al presidente Nicolás Maduro como preso político.

Iniciaron una guerra con Irán que hasta el día de hoy van perdiendo y en cada intento de establecer una mesa de diálogo, Estados Unidos vulnera los propios acuerdos que ellos proponen. Lo cuál ha resultado contraproducente principalmente para su economía nacional y los países dependientes.

Han intervenido imponiendo candidatos, financiando fraudes electorales, y coaccionando a través de la amenaza de la guerra económica o directamente militar con el fin de apoderarse de recursos, territorios estratégicos de cada nación, e intentando reconstruir su área de influencia en la región en razón de su creciente pérdida de hegemonia a nivel global. Es por esta y otras razones que han recrudecido su despliegue militar en el Caribe y se han ido instalando nuevas bases militares en los países que ellos controlan, algo que no se había visto desde la crisis de los misiles.

Se revelaron los archivos de Epstein, con los que a todos nos quedó claro que además de ser unos genocidas, son unos pedófilos. ¿Cuántas sanciones les han impuesto? ¿Cuántos bloqueos económicos? ¿Qué organismo internacional sí ha sido capaz de ponerle un alto a la política criminal y de muerte de Estados Unidos y el ente sionista de Israel?

Y con cada elección perdida, con cada territorio robado, tenemos compañeros que dieron todo por un proceso de cambio, los mismos que ahora están siendo perseguidos, desplazados, amenazados. Hoy en México están implementando todos los manuales aplicados con éxito en el resto del continente: han puesto en marcha en sus medios de comunicación el falso relato del narcogobierno, y de igual manera están valorando seriamente hacer una intervención militar con la cooperación del narcotráfico creado y financiado por ellos en nuestro territorio.

 Ya se prefigura en el horizonte cómo comienza a fluir el financiamiento para intervenir en las elecciones intermedias del próximo año en México, a través del hondurasgate. Primero, construyeron un presidente a modo que después, como es común en su historia de intervencionismo, no pudieron controlar, al punto en el que, por su colusión dentro del mercado de las drogas (tráfico de 500 toneladas de cocaína), fue enjuiciado en Estados Unidos por esta y otras acusaciones como también tráfico de armas. Hace unos meses, en el marco de las elecciones presidenciales en Honduras, desde el púlpito imperial se le indulta con el fin de entregar por completo Honduras a Estados Unidos y comenzar a operar un ala de desestabilización contra Colombia y México, teniendo al Presidente nacional del PRI Alito Moreno, como uno de sus principales aliados y operadores políticos.

Y es por eso que hoy la izquierda continental tenemos que hacernos las siguientes preguntas ¿cómo se construye soberanía? ¿Sigue siendo la vía de la democracia liberal-burguesa la correcta para tomar el poder? ¿No sería pertinente sumar la vía de la organización popular de base, y de entre sus más diversas expresiones, inclusive la lucha armada con el fin de garantizar la paz y la soberanía en nuestra región? Si la derecha se atrevió a quitarse las máscaras y radicalizarse al grado más cínico e inhumano ¿por qué en la izquierda no nos atrevemos a radicalizarnos? ¿No ha sido, a la luz de los hechos recientes, el progresismo una barrera más que una herramienta para lograr una verdadera transformación?

Y a todas estas preguntas tengo mis propias consideraciones y debates, pero algo que puedo afirmar sin temor a equivocarme, es que la soberanía no se construye en lo local, con mítines, panfletos y discursos vacíos para buscar reflector porque se avecina un periodo de designación de candidaturas.

Se construye con organización de base, la claridad ideológica que denominamos como revolución de las conciencias; desde la comunidad, con verdadero poder popular desde una lógica que aspira a rebasar el marco participativo meramente electoral. Es indispensable y urgente construir un internacionalismo popular y México tiene la responsabilidad de liderar esa iniciativa en esta coyuntura.

No sólo está en juego nuestra soberanía y autonomía, está en riesgo en futuro de toda la humanidad y la vida en su conjunto.