Con apenas 6.6% de aprobación en el ranking nacional de Arias Consultores, el mandatario zacatecano aparece en el último lugar entre los 32 gobernadores; ahora es señalado por intentar influir en la ruta interna de Morena rumbo a 2027.

Zacatecas.— David Monreal Ávila no solo enfrenta el desgaste natural de cualquier gobierno. El mandatario zacatecano carga hoy con un dato políticamente demoledor: es considerado el gobernador peor evaluado del país, de acuerdo con el ranking nacional de aprobación de gobernadores correspondiente a enero de 2025.
La medición ubica a Monreal en el lugar 32 de 32, con apenas 6.6% de aprobación ciudadana, por debajo de todos los mandatarios estatales del país. El resultado confirma el profundo rechazo social hacia una administración marcada por la inseguridad, el estancamiento, la falta de resultados y el desgaste interno de Morena en Zacatecas.
El dato es especialmente grave porque Zacatecas no aparece como un caso aislado de baja popularidad, sino como uno de los focos rojos para el partido gobernante rumbo a 2027. Diversos análisis han señalado que Morena enfrenta tensiones internas y desgaste en entidades como Zacatecas, donde los conflictos locales podrían complicar la sucesión gubernamental.
El peor evaluado quiere decidir la sucesión
Pese al rechazo reflejado en las encuestas, David Monreal busca mantener el control político del estado y operar la ruta interna de Morena rumbo a la próxima elección de gobernador.
De acuerdo con señalamientos políticos recientes, el mandatario habría decidido impulsar a Verónica Díaz como su carta principal para la sucesión, en un movimiento que ha generado inconformidad dentro del propio movimiento por el uso de estructura, narrativa y presencia institucional para favorecer a una aspirante.
El problema no es solo político, sino ético: un gobernador con niveles mínimos de aprobación pretende influir en la definición del futuro de Zacatecas, aun cuando su propio gobierno enfrenta el juicio más severo de la ciudadanía.
La sombra del grupo Monreal
Las críticas contra David Monreal no son nuevas. En 2024, el gobernador ya había sido señalado por intervenir en la definición de candidaturas al Senado dentro de Morena, particularmente en torno a Verónica Díaz y Saúl Monreal.
Ahora, de cara a 2027, el mandatario vuelve a quedar bajo la lupa por presuntamente intentar cerrar el paso a otros perfiles competitivos dentro del movimiento, como Ulises Mejía, quien ha aparecido con fuerza en mediciones internas, así como Geovanna Bañuelos, figura vinculada al Partido del Trabajo.
El mensaje que se interpreta desde Zacatecas es claro: mientras la ciudadanía reprueba su gobierno, Monreal intenta conservar el control de la sucesión.
“Tiempo de mujeres”, pero con dedicatoria política
Durante una reciente asamblea informativa, David Monreal habría arropado públicamente a Verónica Díaz bajo el discurso de que es “tiempo de mujeres”. Sin embargo, dentro de Morena ese mensaje fue leído por algunos sectores como un intento de cargar la cancha en favor de una sola aspirante.
La contradicción es evidente: mientras Morena a nivel nacional ha insistido en la necesidad de procesos internos abiertos, democráticos y sin imposiciones, en Zacatecas el gobernador peor evaluado del país parece dispuesto a repetir las viejas prácticas que tanto daño hicieron a la vida pública.
Zacatecas necesita resultados, no imposiciones
El caso de David Monreal exhibe una crisis política de fondo. Zacatecas enfrenta problemas graves de seguridad, desarrollo económico, confianza ciudadana y gobernabilidad, pero su mandatario parece más concentrado en la sucesión que en corregir el rumbo de su administración.
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Con una aprobación de apenas 6.6%, Monreal no solo ocupa el último lugar nacional: también representa una advertencia para Morena. La continuidad de malas prácticas, el uso faccioso del poder y la imposición de candidaturas pueden terminar costándole caro al movimiento en uno de los estados donde el desgaste social ya es evidente.
Zacatecas no necesita que el gobernador peor evaluado del país decida su futuro político. Necesita un proceso limpio, competitivo y a la altura de una ciudadanía que ya dejó claro, en las encuestas, que no está conforme con el rumbo actual.




