La politica mexicana ha estado aprendiendo a pronunciar la palabra paridad y, aunque el camino no ha sido sencillo, hoy puede decir con orgullo que las mujeres ya no solo participan: también gobiernan.
Desde el reconocimiento legal del voto femenino en 1953, se ha consolidado un proceso de reivindicación de derechos fundamentales, la brecha temporal que nos separa de la exclusión política del siglo XX es una evidencia de que el acceso a la ciudadanía plena es una conquista reciente, en consecuencia, la libertad politica actual debe entenderse como el producto de una lucha histórica por la apertura de estructuras institucionales que, hasta hace pocas décadas, permanecian cerradas a las mujeres
Hoy en esa confrontación con el orden tradicional alcanza su máxima expresión con la llegada de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo a la Presidencia de la República marcó un punto de inflexión histórico. Por primera vez, el país tiene al frente a una mujer, científica y política, cuya trayectoria representa la consolidación de décadas de lucha por abrir espacios de representación y decisión.
La paridad ya no es únicamente un discurso, las boletas electorales muestran nombres femeninos, los congresos tienen rostros diversos y los gabinetes integran cada vez más mujeres en cargos estratégicos. México ha demostrado que el talento político no tiene género.
Pero, el reto no termina con ocupar un cargo. La verdadera transformación está en garantizar que esa presencia se traduzca en poder efectivo, en capacidad de decisión, en influencia real sobre las políticas públicas, persisten resistencias culturales, prácticas patriarcales y dinámicas políticas que aún limitan el liderazgo de muchas mujeres..
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El avance es innegable, pero la tarea continúa: construir instituciones y entornos donde la participación femenina no sea vista como una concesión, sino como parte esencial del ejercicio democrático.




