Estos pasados días de asueto, las calles de México se pintaron con el color de la esperanza y el orgullo de quienes, con sus manos y su intelecto, sostienen el destino de nuestra nación. El Primero de Mayo no es, para nosotros, un simple día de asueto o una efeméride vacía de contenido. Es la reafirmación de una victoria cultural y política, es el fin de la larga noche neoliberal donde el trabajador era visto como un "insumo" desechable y el inicio de una era donde el trabajo es, por fin, un camino hacia la justicia social y la dignidad.
Durante décadas, el régimen pasado nos impuso una mentira perversa, repitiendo que para atraer inversiones debíamos ofrecer/aceptar salarios de miseria. Nos dijeron que aumentar el sueldo mínimo desataría una catástrofe inflacionaria. Hoy, los datos y la realidad en los bolsillos de las familias mexicanas han enterrado aquellas mentiras del pasado. En este 2026, bajo el Segundo Piso de la Cuarta Transformación que encabeza la Presidenta Claudia Sheinbaum, el salario mínimo no solo ha recuperado su poder adquisitivo, sino que se ha convertido en el motor de un mercado interno vibrante que beneficia a todos.
Pero la justicia social no se mide solo en pesos y centavos. Se mide en tiempo, en derechos y en libertad. La eliminación del esquema de outsourcing —esa herramienta de esclavitud moderna que despojaba al trabajador de su antigüedad y sus prestaciones— fue el primer gran golpe al modelo de despojo. Hoy, la democracia sindical es una realidad; los contratos ya no se firman a espaldas de los trabajadores en lo oscurito, sino con el voto libre y secreto de las bases. Hemos transitado de la simulación corporativista a la verdadera organización popular.
En el marco de este Primero de Mayo, hay un logro que brilla con luz propia, el reconocimiento histórico al trabajo de cuidados. Al proyectarse la consolidación del Sistema de Cuidados, la Cuarta Transformación está diciendo en voz alta lo que el sistema patriarcal calló por siglos: que cuidar, cocinar y sostener el hogar también es trabajo, y que ese esfuerzo merece el respaldo del Estado. No es una dádiva; es un acto de justicia para quienes fueron el soporte invisible de México durante décadas de abandono.
Sin embargo, la batalla cultural continúa. Mientras el Gobierno Federal impulsa la reducción de la jornada laboral y el fortalecimiento de la seguridad social a través del Servicio Universal de Salud, vemos todavía resistencias en los bastiones del conservadurismo. Lo vemos en gobiernos locales que prefieren gastar en publicidad que en dignificar el transporte para sus trabajadores, o en cúpulas empresariales que aún suspiran por los tiempos de la explotación sin límites. Para ellos, el trabajador sigue siendo un número; para el Humanismo Mexicano, el trabajador es el protagonista de la historia.
La diferencia de modelos es clara. El neoliberalismo apostaba por el miedo al despido para mantener la productividad; la Cuarta Transformación apuesta por el bienestar para generar desarrollo. El éxito de nuestra economía hoy no se basa en el hambre del pueblo, sino en su capacidad de consumo, en su salud garantizada y en la certeza de que el fruto de su esfuerzo ya no se queda en las cuentas bancarias de una minoría rapaz.
Estos días celebramos lo alcanzado, pero sobre todo, celebramos lo que sigue. Porque en este México de la Cuarta Transformación, el poder ha cambiado de manos, ya no pertenece a los mercaderes del trabajo ajeno, sino al Pueblo que trabaja, que sueña y que hoy, más que nunca, es dueño de su propio destino.
Quizá te interese también leer:




