Llegué a la política desde una biblioteca popular en un mercado público de Ecatepec. No desde un escritorio ni desde una candidatura prestada. Ahí aprendí que la transformación no se decreta: se construye con la gente, todos los días.
Después fui secretario de producción y trabajo del comité estatal de Morena, cuando nadie le apostaba a este partido y cuando menos se le apostaba a la maestra Delfina Gómez. Luego fui secretario de formación política estatal. Y todo eso lo hice convencido de una sola cosa: este movimiento nació para resolver problemas, no para acumular reflectores.
Hoy, como primer síndico municipal de Ecatepec, sigo pensando igual.
Ecatepec no está en un momento cualquiera. Hoy la transformación ya no se mide por lo que se dice, sino por lo que realmente se resuelve. Hay rumbo. La prioridad que han marcado la doctora Claudia Sheinbaum y la maestra Delfina Gómez para la zona oriente es clara. Pero en las colonias hay algo que también es claro: la transformación no está llegando con la misma fuerza a todos lados.
Y no es percepción. Es lo que se escucha en la combi a las 6 de la mañana, en la espera del agua, en la ventanilla del trámite: “no sé”, “no hay”, “no responden”. Hay que decirlo con responsabilidad: hay formas de hacer política que ya no alcanzan para la realidad que se vive en Ecatepec.
El problema no es que no se haga nada. El problema es que muchas veces lo que se hace no cambia la vida de la gente. Se trabaja, pero no en la misma dirección.
Andrés Manuel, la doctora Claudia Sheinbaum y la maestra Delfina Gómez nos enseñaron a ejercer el poder con responsabilidad, con la gente y con humildad. No nos enseñaron a ostentar, ni a perdernos en las mieles de las apariencias. Nos enseñaron que el poder se sirve, no se aparenta. También nos enseñaron que el Estado debe ser incluyente y respetuoso de todas las creencias. Por eso es importante no permitir que ninguna visión particular tenga trato preferencial sobre otras. Ecatepec es diverso, y gobernar implica reconocer esa diversidad.
Cuando se privilegia la cercanía por encima de la capacidad, los resultados se debilitan. Se normaliza la inercia. Y así, los problemas siguen. Porque una cosa es recorrer, y otra muy distinta es regresar. Una cosa es anunciar, y otra resolver de fondo. Y la gente lo tiene claro.
Hoy la vida en muchas colonias no admite discursos, ni tiempos inciertos, ni soluciones a medias. La gente no quiere explicaciones: quiere que la transformación funcione.
Pero mientras eso pasa en algunos espacios, en las colonias la historia es otra. Ahí la vida sigue. Ahí la gente se organiza. Ahí están los COPACIS, que no son solo un nombre: son autoridades auxiliares reconocidas en la ley. Son el punto de contacto natural entre el gobierno y cada comunidad. Cuando se les escucha y se trabaja con ellos, las cosas avanzan. Cuando se les ignora, el gobierno se aleja. No se trata de sustituir a nadie. Se trata de sumar. Los COPACIS saben lo que duele en su colonia. Si caminamos juntos, la transformación sí se siente.
Esa es la base real. Y esa base no pide discursos. Pide respeto, cercanía y resultados.
Ecatepec tiene hoy una oportunidad. No se va a definir desde una burbuja. Se va a definir en el territorio real, a veces incómodo, en la capacidad de estar, de regresar y de hacerse cargo. Porque el futuro está donde la vida pasa todos los días.
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Y ahí, la transformación no se presume. Se demuestra. Y en Ecatepec, se tiene que sentir todos los días.




