La guerra comercial entre Estados Unidos y Canadá subió nuevamente de intensidad luego de que Washington anunciara nuevos aranceles de hasta 50% y prohibiciones de importación contra determinados productos canadienses, en respuesta a las medidas de represalia adoptadas por Ottawa.
La disputa comercial entre Estados Unidos y Canadá entró en una nueva fase de confrontación. La noche del martes 8 de septiembre de 2026, la administración del presidente Donald Trump anunció una nueva batería de medidas contra productos canadienses, con aranceles de hasta 50% y restricciones que llegarán incluso a la prohibición de importar determinados bienes.
Las nuevas acciones fueron anunciadas horas después de que entraran en vigor los aranceles de represalia impuestos por Canadá a productos estadounidenses, en una escalada que vuelve a colocar a las dos economías norteamericanas en el centro de una creciente disputa comercial.
De acuerdo con la Casa Blanca, el gobierno estadounidense firmó el 8 de septiembre cinco proclamaciones para modificar el alcance de los aranceles previamente impuestos a productos canadienses y establecer prohibiciones de importación para determinados bienes. Washington justificó las medidas como una respuesta a lo que considera un trato discriminatorio por parte de Canadá hacia productos estadounidenses.
Washington endurece la presión comercial
Entre las medidas anunciadas se encuentra la ampliación de un arancel adicional de 50% para determinados productos provenientes de Canadá. Las nuevas disposiciones entrarán en vigor el 15 de septiembre de 2026, según las proclamaciones presidenciales publicadas por la Casa Blanca.
La medida abarca productos que anteriormente ya estaban sujetos a gravámenes adicionales y modifica el alcance de las mercancías afectadas. En este nuevo paquete aparecen distintos bienes canadienses, entre ellos productos relacionados con sectores manufactureros y de consumo.
Pero la ofensiva comercial no se limita a los aranceles.
Washington también decidió prohibir la importación de determinados productos canadienses, una medida que comenzará a aplicarse el 29 de septiembre de 2026.
Entre los productos afectados se encuentran determinadas bebidas alcohólicas canadienses, que pasarán de estar sujetas a aranceles a quedar excluidas de la entrada al mercado estadounidense. La Casa Blanca argumentó que Canadá mantiene restricciones que considera discriminatorias contra las bebidas alcohólicas provenientes de Estados Unidos.
Una disposición similar fue adoptada respecto de determinados productos vinculados con el sector lácteo canadiense. En este caso, los bienes señalados quedarán sujetos a una prohibición de importación a partir del 29 de septiembre, mientras que aquellos que ya hayan ingresado al proceso aduanero antes de esa fecha permanecerán sujetos al arancel de 50% establecido previamente.
Canadá responde con aranceles de hasta 50%
La nueva ofensiva de Washington ocurre después de que Canadá activara el 8 de septiembre sus propias medidas de represalia contra productos estadounidenses.
El gobierno canadiense estableció aranceles de 15%, 25% y 50% para mercancías estadounidenses seleccionadas, con tasas que buscan igualar los gravámenes impuestos previamente por Estados Unidos.
Las medidas abarcan productos por un valor aproximado de 27.6 mil millones de dólares canadienses y se concentran en sectores como acero, aluminio, productos lácteos, electrodomésticos, maquinaria agrícola, pulpa y papel, plásticos y productos electrónicos.
Ottawa explicó que las nuevas tarifas buscan responder directamente a los aranceles estadounidenses que entraron en vigor el 22 de agosto y que afectaron mercancías canadienses por el mismo monto.
En sectores como el acero y el aluminio, Canadá elevó algunos aranceles de represalia de 25% a 50%, con el objetivo de igualar la tasa aplicada por Washington. También permanecen vigentes otras medidas contra productos estadounidenses, incluidos determinados vehículos y componentes automotrices.
El gobierno canadiense ha defendido estas medidas como una respuesta para proteger a trabajadores, productores y empresas nacionales frente al impacto de los aranceles estadounidenses.
Una disputa que amenaza con profundizarse
La nueva confrontación comercial revela que la relación económica entre ambos países atraviesa una etapa particularmente tensa.
Estados Unidos y Canadá mantienen una de las relaciones comerciales más estrechas del mundo, por lo que la imposición recíproca de aranceles tiene efectos que pueden trasladarse a cadenas de suministro, productores, fabricantes y consumidores de ambos lados de la frontera.
La estrategia de Washington consiste en utilizar los aranceles y las restricciones de acceso al mercado estadounidense como mecanismo de presión para modificar determinadas políticas canadienses. La administración Trump sostiene que las medidas de Ottawa perjudican a las empresas estadounidenses y justificó sus acciones bajo la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930.
Canadá, por su parte, sostiene que sus contramedidas responden directamente a los gravámenes estadounidenses y ha anunciado apoyos económicos para los sectores afectados.
Como parte de su respuesta, Ottawa anunció un paquete de 7.5 mil millones de dólares canadienses en nuevas y ampliadas medidas de apoyo para trabajadores y empresas perjudicados por los aranceles. El gobierno canadiense también informó que desde la implementación inicial de las medidas estadounidenses había destinado cerca de 25 mil millones de dólares canadienses en apoyos.
Norteamérica enfrenta una nueva escalada comercial
El intercambio de medidas deja claro que la disputa ya no se limita a anuncios políticos o amenazas de nuevos gravámenes. Ahora existen aranceles de hasta 50%, restricciones sectoriales y prohibiciones de importación con fechas concretas de aplicación.
La entrada en vigor de las nuevas medidas estadounidenses el 15 y el 29 de septiembre abre además una ventana para que ambos gobiernos intenten frenar una escalada que podría generar mayores costos para las empresas y consumidores.
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Por ahora, Washington y Ottawa mantienen posiciones enfrentadas. Estados Unidos sostiene que sus acciones buscan defender a sus productores frente a políticas canadienses que considera discriminatorias, mientras Canadá defiende sus represalias como una respuesta proporcional frente a los aranceles estadounidenses.
La nueva ronda de medidas confirma que la relación comercial entre ambos países enfrenta uno de sus momentos más complejos recientes y que la política arancelaria se ha convertido nuevamente en una herramienta central de presión económica en América del Norte.




