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Círculo Político MX

Ejidos en Quintana Roo: territorio, bienestar y el desafío pendiente en Yum Balam

YUM BALAM

Hablar de los ejidos en México es hablar de justicia social. Después de la Revolución Mexicana, el reparto agrario permitió que millones de familias campesinas accedieran a la tierra y construyeran comunidad, patrimonio y arraigo.

Los ejidos forman parte de la historia y la identidad de Quintana Roo. Fueron comunidades mayas y familias campesinas quienes poblaron amplias regiones del estado, trabajaron la selva y construyeron desarrollo en territorios donde prácticamente no existían oportunidades.

El ejido permitió levantar comunidades, generar arraigo y defender la tierra. Hablar hoy del futuro de Quintana Roo, implica reconocer el papel histórico que los ejidatarios han tenido en la construcción y cuidado del territorio.

Por eso, la discusión sobre Yum Balam no puede limitarse únicamente al tema ambiental. También involucra bienestar social, justicia territorial y prosperidad compartida para las comunidades que históricamente han habitado esa región.

La reciente resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación reafirmó la importancia constitucional de proteger ecosistemas estratégicos para México y dejó claro que la preservación ambiental forma parte del interés público nacional.

Yum Balam merece esa protección. Sus manglares, humedales y selvas representan una riqueza ambiental invaluable. Defender esos ecosistemas significa evitar que regresen prácticas de depredación territorial y crecimiento desordenado heredadas del viejo modelo neoliberal.

El debate abierto alrededor de la resolución evidenció un reto que sigue presente en muchas comunidades ejidales del norte del estado. Aunque la propiedad social permanece reconocida legalmente, persiste entre numerosos habitantes la preocupación sobre cómo acceder a oportunidades reales de desarrollo dentro de un territorio cada vez más valioso económica y turísticamente.

Durante décadas, el crecimiento turístico generó grandes beneficios económicos, pero no siempre logró distribuir de manera justa el bienestar entre las comunidades rurales y ejidales. Muchas familias quedaron al margen de la prosperidad regional mientras aumentaban la presión inmobiliaria, la desigualdad y las dificultades para integrarse plenamente al desarrollo económico.

Ahí es donde la Cuarta Transformación enfrenta una oportunidad histórica para profundizar un modelo distinto. Un modelo donde la justicia ambiental avance de la mano de la justicia social y donde la conservación no signifique exclusión, sino bienestar para el pueblo.

Cuando las comunidades no encuentran alternativas productivas suficientes, aumentan las condiciones de precariedad e incertidumbre económica. Y eso puede abrir espacio a dinámicas irregulares que terminan afectando tanto al tejido social como al propio territorio.

El Humanismo Mexicano ha sido claro en algo fundamental. El desarrollo debe llegar primero a quienes históricamente fueron relegados. Por eso, el siguiente paso para regiones como Yum Balam consiste en fortalecer mecanismos de participación comunitaria, turismo sustentable, cooperativas locales y proyectos productivos que permitan que el bienestar generado por el territorio también llegue directamente a los ejidos y comunidades mayas.