(Respuesta a "Una Fiscalía Itinerante" de Ernestina Godoy Ramos)
Leí con atención las palabras de la fiscal Ernestina Godoy. Su diagnóstico sobre la procuración de justicia en México es certero y valiente: instalaciones obsoletas, falta de tecnología, personal insuficiente, condiciones precarias para atender víctimas. Nadie sensato discutiría esas urgencias. El mérito de Godoy es no solo señalar las carencias, sino impulsar soluciones desde la trinchera institucional. Por eso su propuesta de una Fiscalía Itinerante merece un análisis serio y, sobre todo, un acompañamiento crítico para potenciarla.
El problema no es lo que ella dice, sino lo que el sistema ha callado durante décadas: que el aparato de justicia, tal como opera hoy, no solo es ineficiente, es fabricante de realidades. Y aquí reside el valor de Godoy: ha decidido mirar de frente ese monstruo. Su Fiscalía Itinerante, sin embargo, corre el riesgo de ser la expansión geográfica de un vicio sistémico, si no va acompañada de una transformación radical en la arquitectura de la verdad. Pero a diferencia de otros funcionarios, Godoy ha dado muestras de entender que la voluntad política debe ir de la mano de la tecnología.
En los pasillos judiciales llamamos a esa zona oscura "la cocina". Allí, durante años, la verdad no se buscaba: se manufacturaba. Un testimonio se moldeaba, una prueba se ajustaba, una omisión se justificaba. El éxito se medía por vinculaciones a proceso, no por solidez científica. El incentivo era perverso: producir culpables, no justicia. Ernestina Godoy ha sido de las pocas fiscales que han intentado desmantelar esa cocina, promoviendo la digitalización y la transparencia. Su apuesta por la itinerancia es, en ese sentido, un acto de coherencia.
Una fiscalía que viaja por el territorio sin infraestructura de datos inmutables corre el riesgo de exportar sus vicios. Sin trazabilidad digital absoluta, cada "recorrido" podría ser una oportunidad para que el cacicazgo local legitime abusos bajo el sello federal. Pero reconocerlo no es descalificar a Godoy; es, al contrario, exigir que su esfuerzo esté a la altura de su diagnóstico. La solución no es más personal itinerante a secas. Es mejores protocolos de integridad de datos. La inteligencia artificial, integrada con blockchain, puede ser el fin de la fábrica de culpables que ella misma ha denunciado:
· Evidencia inmutable: cada indicio tokenizado y registrado en cadena de bloques en el instante cero. Adiós a la siembra o alteración de pruebas.
· Detección de patrones de falsedad: algoritmos que identifican testimonios con estructuras sintácticas idénticas en distintos estados, revelando machotes o declaraciones inducidas.
· Transparencia algorítmica: un sistema que audite en tiempo real las omisiones en cada carpeta de investigación.
Para entender la magnitud del desafío, recurro a Jean Baudrillard y su concepto del simulacro. En México hemos construido una hiperrealidad judicial donde el expediente importa más que el hecho. "El simulacro nunca es lo que oculta la verdad; es la verdad la que oculta que no hay ninguna". Cuando una institución fabrica un culpable, no está ocultando al verdadero criminal; está creando una verdad artificial. Pues bien, Ernestina Godoy es una excepción en ese paisaje: su gestión ha estado marcada por la negativa a normalizar la mentira. Su Fiscalía Itinerante podría ser el mapa que describe un país de justicia plena, pero para que el territorio real deje de estar habitado por víctimas, necesita herramientas incorruptibles.
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La justicia no se construye solo caminando los estados. Se construye blindando la verdad para que nadie, por más poder que tenga, pueda fabricar una mentira y llamarla sentencia. Pero caminar los estados es el primer paso, y Godoy lo está dando. Su itinerancia será un éxito si lo que viaja con ella es una arquitectura de datos incorruptible. Y también si lo que viaja es su ejemplo: el de una fiscal que no ha cedido ante la fábrica de culpables. Por eso su labor merece reconocimiento: porque ha puesto sobre la mesa lo que muchos callan, y ha abierto la puerta para que la tecnología, al fin, pueda servir a la verdad.




