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Círculo Político MX

"El crecimiento de la clase media no cayó del cielo". Por Aneth García

La presidenta anunció recientemente que la clase media creció en México y que incluso es uno de los países de América Latina donde más se ha expandido. Pero inmediatamente llegaron las voces que buscan minimizarlo o explicarlo como un fenómeno “natural” del mercado. Sin embargo, la clase media no surge por generación espontánea. se construye o se destruye con políticas públicas.

Se abrió una nueva disputa política y pública: ¿quién hizo crecer a la clase media? No es una discusión menor, porque cuando crece la clase media, cambia lo que la sociedad exige, lo que defiende y lo que ya no está dispuesta a perder.

Durante décadas, el neoliberalismo prometió que el crecimiento económico “derramaría” hacia abajo, y en la práctica, México vivió salarios estancados, precarización laboral y una desigualdad persistente, se podía trabajar más y ganar lo mismo, esforzarse y estudiar más y aun así vivir peor. La clase media no crecía, solo sobrevivía endeudada, pagando servicios privados porque el Estado se los había retirado.

Por eso hoy la discusión no puede quedarse solo en porcentajes, la pregunta clave es: ¿qué tipo de clase media está creciendo y con qué salarios? Porque no es lo mismo subir de ingreso nominal que tener condiciones reales de bienestar. La clase media no se define solo por cuánto ganas, sino por qué puedes pagar sin miedo a caer.

Ahí es donde entran los salarios, el aumento sostenido al salario mínimo desde la llegada de AMLO a la presidencia y la recuperación del poder adquisitivo, son decisiones políticas que impactan la vida diaria de millones de mexicanos, cuando nuestro salario sube, cambia la relación que tenemos con el trabajo, con el tiempo y con la dignidad, y cuando millones ganan un poco más, algunos dejan de vivir al filo de la vulnerabilidad.

Pero el salario por sí solo no basta, en la vida real, la clase media se juega en tres frentes y necesidades muy concretas: vivienda, movilidad y salud.

Puedes “ser clase media” en el papel, pero si la renta se come más de la mitad de tu ingreso, si pasas tres horas diarias en el transporte o si una enfermedad te endeuda de por vida, esa condición es muy frágil. Por eso el crecimiento de la clase media también exige políticas de vivienda accesible, transporte público digno y sistemas de salud que no obliguen a elegir entre atenderte o empobrecerte.

Aquí está el punto incómodo para quienes defienden el viejo modelo neoliberal, la desigualdad no se combate solo creando consumidores, sino garantizando derechos y bienestar. América Latina lo demuestra, porque países donde la clase media creció sin Estado social fuerte terminaron viendo cómo esa misma clase media retrocedía ante crisis económicas, inflación o recortes.

México, comparado con otros países de la región, tiene un avance relevante, pero también lo es el riesgo. Si el crecimiento de la clase media no se consolida con salarios dignos, servicios públicos y reducción de desigualdades estructurales a largo plazo, puede quedarse en estadística.

Por eso no se trata de colgarse medallas, sino de entender algo básico: la clase media es un proyecto político. Se construye con decisiones que redistribuyen ingreso, minimizan la desigualdad, fortalecen lo público y reducen la incertidumbre de la vida cotidiana.

La pregunta no es solo quién la hizo crecer, sino quién está dispuesto a defenderla y mantenerla cuando los precios suben, cuando el mercado aprieta y cuando los privilegios de unos cuantos se sienten amenazados. Una clase media con derechos es incómoda para el poder económico, pero indispensable para una democracia viva y un México próspero.

El crecimiento de la clase media NO cayó del cielo. Y si queremos que no vuelva a caer, hay que estar conscientes que, sin salarios justos, sin vivienda accesible, sin movilidad digna y sin salud pública fuerte, ningún discurso alcanza para sostenerla.