Hablar de Cuba y México es una de las historias fundacionales del continente americano. Han sido más de 500 años desde los comienzos de la colonia hispana en América que han relacionado dos grandes puentes: el Caribe como puerta marítima entre Europa y América, y México como corredor entre los océanos Atlántico y Pacífico.
Entre peones, comerciantes, esclavistas, nobles, misioneros, artistas, periodistas, libertadores y toda clase de librepensadores han circulado entre México y Cuba como una extensión sinérgica de dos hermanos que han crecido juntos. La construcción de las naciones soberanas, a partir de la independencia de la corona española, acompañó a los próceres de ambos países. No es menor que, entre una de las sedes que albergó el exilio del benemérito de las Américas Benito Juárez en los años de 1853 y 1862. Orgullosamente, siendo presidente en 1868, Benito Juárez reconoció a los primeros independentistas cubanos encabezados por Carlos Manuel de Céspedes, padre de Cuba.
Cuando el traidor de Huerta ejecuta la Decena Trágica, el embajador cubano Manuel Márquez Sterling lo denuncia y respalda al gobierno legítimo de Francisco I. Madero; Es, a pesar de que a cierta alcaldesa no le agrada eso, la alcaldía Cuauhtémoc donde Fidel y El Che se conocen; es en Veracruz donde parte el Granma para iniciar la Revolución Cubana. Es en la Habana que, tras el terrible sismo de 1985 en México, donde Fidel Castro se suma a la solidaridad internacional con el país y critica a la usura internacional.
Pero en esta historia no solo hay personajes notables, también existen algunos seres mezquinos como el expresidente Vicente Fox Quesada y su canciller, Jorge Castañeda Gutman, quienes fueron los artífices del famoso “Comes y te vas”.
Hoy, frente a las presiones de los sectores radicales de Miami que asesoran a Trump y añoran apropiarse de lo que aún queda en Cuba, el deber constitucional del gobierno de México —defender la mediación pacífica de las controversias regionales y apoyar con suministros al pueblo cubano— refrenda una perspectiva solidaria que no es exclusiva de la diplomacia mexicana, sino del pueblo mismo. Y ello, pese a las objeciones de ciertos conservadores. La gente conoce su historia reciente y comprende que, como en otros tiempos, nuestro continente vuelve a estar amenazado por presiones imperialistas. Conviene recordar que en la década de 1910, el presidente estadounidense Woodrow Wilson encabezó múltiples intervenciones militares en México, Cuba, Panamá y Honduras. Esta analogía no es solo una anécdota histórica: Es la muestra de que el brazo del Tío Sam sigue ahorcando a las naciones que, por años, han luchado por no someterse ante ningún interés extranjero.
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Por eso, frente a quienes buscan desestabilizar y llenar de telarañas el pensamiento público a partir de mentiras, es necesario recordar la historia como un principio guía en el pensamiento ético. Y con ello, recordar que la historia de nuestros países está unida por la solidaridad, el amor por la libertad y el buen vivir y el cuidado de nuestros lazos. Frente a la mezquindad del trumpismo y sus aliados en la derecha mexicana, debemos respaldar las acciones encabezadas por la presidenta Claudia Sheinbaum.




