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Círculo Político MX

"El fantasma de Franco: Vox y su ofensiva contra la democracia en América Latina." Por Juan Rubio Gualito

En el marco de la IV Cumbre en Defensa de la Democracia celebrada en Barcelona, el protofascista partido español VOX realizó publicaciones no solo falsas, sino abiertamente ofensivas en contra de las y los Presidentes democráticos de izquierda de América Latina. Por lo que, desde este espacio, me permitiré hacer una reflexión sobre este núcleo político, su descompuesta ideología y el peligro que representa para España, América Latina y el mundo.

Desde la muerte de Francisco Franco, la sombra del dictador no se había proyectado con tanta crudeza y cinismo en la política española como ocurre hoy con VOX. Aunque el partido encabezado por Santiago Abascal evita definirse explícitamente como franquista, su discurso y sus vínculos internacionales revelan una continuidad ideológica que no solo ancla a España en su pasado, sino que impulsa una ofensiva activa contra los gobiernos progresistas de América Latina.

VOX ha sabido capitalizar lo que el periodista Francesc-Marc Álvaro denomina “franquismo sociológico”, una corriente que nunca desapareció del todo en los sectores más reaccionarios de España, particularmente en los espacios de poder en Madrid. Como señala Álvaro, “no necesita definirse como franquista porque en España existen esas cenizas de la dictadura, que VOX simplemente aviva”. Esta conexión se vuelve evidente en sus acciones: al defender la permanencia de cruces franquistas en espacios públicos —presentándolas como “símbolos de tradición cultural” y calificando su retiro como un “ataque al cristianismo”—, el partido ignora deliberadamente que dichos monumentos fueron erigidos para exaltar a los sublevados contra la Segunda República y, en consecuencia, contra la democracia.

El problema de fondo es que España nunca emprendió una verdadera política de desfranquización educativa comparable a la desnazificación alemana. Esto ha permitido que, como advirtió José Saramago, “los fascistas del futuro” no requieran uniformes paramilitares, sino que se presenten como defensores de “la bondad, la familia, las buenas costumbres, la religión y la ética”; un discurso que en México han adoptado sectores del PAN y del PRI, así como figuras públicas específicas.

Donde VOX revela con mayor claridad su carácter reaccionario es en su estrategia internacional. A través del Foro Madrid —un think tank creado en 2020—, el partido se ha consolidado como un nodo central de una red transatlántica que incluye a la Heritage Foundation, así como a líderes como Giorgia Meloni, Viktor Orbán y Marine Le Pen, entre otros actores de la derecha radical en Europa y América Latina. Su objetivo declarado es coordinar el “derrocamiento del socialismo” en la región.

No se trata de una retórica menor. Jorge Martín Frías, director de este think tank, ha calificado a los gobiernos progresistas latinoamericanos como “organizaciones criminales” y “mafias que han capturado el poder”, vinculándolos de manera infundada con el narcotráfico. Esta estrategia abarca desde misiones de “observación electoral” sesgadas —lo que ayuda a explicar ciertas visitas a procesos electorales en países como Ecuador y Bolivia— hasta campañas en redes sociales orientadas a impulsar candidaturas de derecha en Bolivia, Chile, Honduras, Perú, Colombia y Brasil.

El discurso de VOX hacia América Latina no es novedoso: retoma la noción de la “hispanidad” y la supuesta “obra civilizadora” del imperio español. En su programa electoral, el partido sostiene que “los españoles no tienen que pedir perdón por su pasado” y se compromete a combatir la llamada “leyenda negra”. Más aún, Santiago Abascal ha descrito a España como una “supernación” destinada a liderar una comunidad iberoamericana bajo su égida.

Esta visión se traduce en ataques sistemáticos contra lo que VOX denomina “indigenismo”, al que acusa —desde una perspectiva abiertamente sesgada— de “falsear la historia”, junto con foros progresistas como el Foro de São Paulo. Se trata, en esencia, de una cruzada contra la memoria histórica tanto en España como en América Latina, orientada a rehabilitar no solo el franquismo, sino también el legado colonial.

La paradoja es evidente: un partido que afirma defender la “democracia liberal” actúa para desestabilizar gobiernos democráticamente electos en América Latina, mientras preserva la simbología y el imaginario de la dictadura franquista en España. Como advierte el análisis de América Latina en Movimiento, VOX y sus aliados representan un riesgo real cuyo alcance no debe subestimarse. Ignorarlo sería, en efecto, jugar con fuego.