Que se escuche claro: el relevo generacional no viene, ya está aquí.
En la Cuauhtémoc, en la Ciudad y en el país, habemos jóvenes que dejamos de pedir permiso. No somos improvisados ni producto de coyunturas: somos trabajo en territorio, organización desde abajo y arraigo vecinal. Crecimos viendo cómo se cerraban espacios; hoy nos toca abrirlos.
Hoy, en este nuevo momento político impulsado por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), nuevas voces han comenzado a ocupar espacios de toma de decisión. Se han abierto puertas que durante años permanecieron cerradas. Pero hay que decirlo completo: no es suficiente.
Faltan más espacios. Falta que la representación de las juventudes sea real, no simbólica. Falta romper inercias que siguen defendiendo privilegios y reciclando a los mismos de siempre.
Y el dato es contundente: más del 30% de la población en México es joven. No somos minoría ni relevo lejano: somos presente, somos fuerza y somos legitimidad para gobernar.
Por eso avanzamos.
Porque esta generación no espera oportunidades: las construye. En cada colonia, en cada causa, en cada lucha por el derecho a la ciudad, por espacios públicos dignos, por el arraigo vecinal y por una vida más justa.
En la Cuauhtémoc, el relevo generacional no es discurso, es presencia. No es promesa, es realidad en marcha.
El 2027 no define el relevo.
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Solo lo confirma.




