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Círculo Político MX

Evelyn Sánchez y la economía con rostro de mujer

En la frontera se aprende pronto que la economía no es una palabra de escritorio. En Tijuana, economía significa cuánto cuesta llenar la despensa, cuánto alcanza para pagar la renta, si el negocio de la colonia vende o no vende, si una madre puede sostener a su familia, si una joven encuentra empleo digno o si un comercio local logra competir frente a los precios del otro lado.

Por eso la propuesta que impulsa Evelyn Sánchez sobre Zonas Económicas Libres para Baja California debe leerse con mucha seriedad política. No es una ocurrencia, ni una bandera vacía. Es una agenda profundamente social: que la frontera tenga reglas justas para competir, que el dinero alcance más, que el comercio local se fortalezca y que el crecimiento económico no se quede arriba, sino que baje a las colonias, a los mercados, a los talleres, a las mujeres emprendedoras y a las familias trabajadoras.

Desde la izquierda lo sabemos bien: no hay transformación verdadera si la economía no sirve para mejorar la vida del pueblo. Y en Tijuana, donde todos los días se compite con California, tratar a Baja California como si fuera cualquier otro estado del país es desconocer su realidad. Aquí la vida fronteriza tiene costos distintos, presiones distintas y oportunidades distintas. Por eso defender estímulos como el IVA reducido y el ISR competitivo no es pedir privilegios; es exigir justicia económica para una tierra que aporta muchísimo a México.

Evelyn Sánchez ha entendido algo que muchas veces se pierde en el discurso político: la justicia social también pasa por la economía familiar. Una Zona Económica Libre bien planteada puede significar más inversión, más empleo formal, más consumo local, más oportunidades para jóvenes y mejores condiciones para quienes todos los días levantan la cortina de un pequeño negocio.

Pero hay algo más importante: esta agenda tiene rostro de mujer. Porque cuando suben los precios, las primeras que estiran el gasto son las mujeres. Cuando falta empleo, son ellas quienes sostienen la casa con dobles y triples jornadas. Cuando un pequeño negocio familiar resiste, casi siempre hay una mujer detrás administrando, vendiendo, cuidando y trabajando. Por eso una propuesta económica para Tijuana también debe hablarles a las madres, a las comerciantes, a las trabajadoras, a las profesionistas, a las jóvenes y a las emprendedoras.

En esa ruta, Evelyn camina con la visión de la presidenta Claudia Sheinbaum: una transformación que no se conforme con repartir discursos, sino que construya bienestar, desarrollo regional y prosperidad compartida. También se inscribe en la etapa de organización y unidad que representa Ariadna Montiel al frente del movimiento, donde Morena tiene el reto de seguir siendo un instrumento del pueblo y no una maquinaria alejada de la gente.

Tijuana necesita liderazgos que entiendan su complejidad. No basta con recorrer colonias; hay que entender cómo se mueve la economía fronteriza. No basta con hablar de bienestar; hay que construir condiciones para que haya empleo, inversión, comercio fuerte, mejores salarios y oportunidades reales para las nuevas generaciones.

Evelyn Sánchez aparece en este momento como una mujer de territorio, pero también con visión de ciudad. Una mujer que entiende que la transformación no puede quedarse en el centro del país, porque también debe sentirse en la frontera, donde México se juega buena parte de su futuro económico, industrial y social.

La derecha suele hablar de competitividad pensando solo en los grandes intereses. La izquierda debe hablar de competitividad pensando en el pueblo: en que haya trabajo, en que los negocios locales sobrevivan, en que las familias vivan mejor y en que las mujeres tengan más oportunidades para salir adelante.

Por eso esta propuesta importa. Porque pone sobre la mesa una pregunta de fondo: ¿qué tipo de Tijuana queremos construir? Una ciudad abandonada a la desigualdad del mercado o una ciudad fuerte, justa, moderna y profundamente humana.

Desde esa visión, Evelyn Sánchez no solo impulsa una agenda económica. Está abriendo camino para que las mujeres también encabecen el futuro de Tijuana con sensibilidad social, firmeza política y compromiso con la Cuarta Transformación.