En Jalisco, el aumento a la tarifa del transporte público no es un hecho aislado ni una medida técnica inevitable. Es, en realidad, la confirmación de una forma de gobernar que Movimiento Ciudadano ha perfeccionado, lucrar con lo público y trasladar el costo de su ineficiencia directamente al bolsillo de la gente. Gobernar, para ellos, no es garantizar derechos, sino administrar cobros.
Mientras en buena parte del país se discute cómo mejorar la movilidad como un derecho social, con subsidios, inversión pública, modernización y enfoque social, en Jalisco el transporte sigue tratándose como un negocio. Un negocio donde el usuario no es ciudadano, sino cliente cautivo; donde no importa si el salario alcanza o no, sino que la tarifa cuadre.
El discurso es conocido, que si la inflación, que si la modernización, que si la “sostenibilidad del sistema”. Pero lo que nunca explican es por qué esas modernizaciones siempre terminan pagándolas las personas y no los gobiernos que presumen eficiencia. Lo que no dicen es por qué, tras años de administración naranja, el transporte sigue siendo caro, deficiente y profundamente desigual.
Movimiento Ciudadano ha construido en Jalisco un modelo donde lo público se gestiona con lógica privada, concesiones opacas, decisiones alejadas de la gente y una absoluta falta de sensibilidad social. El tarifazo no es un error de cálculo, es una decisión política. Y como toda decisión política, tiene responsables.
El contraste con lo que ocurre en otras partes del país es evidente. Mientras se fortalecen políticas públicas que buscan reducir brechas, ampliar derechos y entender los servicios como herramientas de justicia social, en Jalisco se sigue apostando por un modelo que castiga a quienes menos tienen. Ahí donde otros gobiernos discuten cómo aliviar la carga cotidiana de las familias, MC decide incrementarla.
No es casualidad. Es coherente con una visión que entiende al Estado como gestor y no como garante; que prefiere la narrativa "buena ondita’’ antes que la política pública seria; que gobierna desde el marketing y no desde el compromiso social. El tarifazo indigna, pero no sorprende.
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Jalisco no necesita más discursos coloridos ni excusas tecnocráticas. Necesita un gobierno que entienda que el transporte público no es un privilegio ni una mercancía, sino un derecho. Y mientras Movimiento Ciudadano siga gobernando con la lógica del cobro y no del cuidado, el rezago no será accidental, será su legado.




