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Círculo Político MX

"Gobernar desde el territorio: cercanía, legitimidad y ejercicio del poder" por: José Alfredo Pérez Barro

En la política mexicana contemporánea, gobernar desde el territorio ha dejado de ser una consigna para convertirse en una práctica que define estilos, prioridades y formas de ejercer el poder. En este contexto, la presidenta Claudia Sheinbaum informó que durante 2025 ha recorrido más de 104 mil kilómetros en giras de trabajo por el país, una distancia equivalente a 2.6 vueltas completas a la Tierra. Más allá de la cifra, el dato abre una discusión relevante: ¿qué implica, en términos reales, un gobierno que decide estar presente de manera permanente en el territorio?

Durante años, el ejercicio del poder estuvo marcado por una lógica centralista. Las decisiones se tomaban lejos de las comunidades, con poco conocimiento de las realidades locales y con una relación distante entre gobernantes y gobernados. Esta forma de gobernar no solo generó desconfianza, sino también políticas públicas desconectadas de las necesidades reales de la población. Frente a ello, el énfasis en la presencia territorial representa un cambio de fondo en la manera de concebir la acción gubernamental.

Recorrer el país no es un acto menor ni una simple estrategia de imagen. Implica supervisión directa de programas sociales, evaluación en campo de obras e infraestructura, diálogo con autoridades locales y, sobre todo, escucha activa de la ciudadanía. Gobernar desde el territorio permite identificar problemas que no aparecen en los informes oficiales y ajustar decisiones a partir de la realidad concreta. En ese sentido, la cercanía se convierte en una herramienta de gobernabilidad.

Este modelo responde también a uno de los principios centrales del proyecto político que encabeza Morena: colocar al pueblo en el centro de la vida pública. La política deja de ser un ejercicio exclusivo de élites para transformarse en un proceso cotidiano de interacción entre gobierno y sociedad. La presencia constante de la presidenta en comunidades urbanas y rurales refuerza la idea de un Estado que no se ausenta, que acompaña y que asume su responsabilidad de manera directa.

Sin embargo, la política en territorio no está exenta de retos. La cercanía genera expectativas, demandas inmediatas y una exposición permanente al escrutinio social. Gobernar caminando el país implica asumir costos políticos, pero también fortalece la legitimidad del poder. Un gobierno que da la cara y escucha difícilmente puede ser acusado de indiferencia.

Los más de 104 mil kilómetros recorridos deben entenderse como parte de una estrategia más amplia: consolidar un gobierno cercano, transparente y con capacidad de respuesta. No se trata de recorrer por recorrer, sino de gobernar con los pies en la tierra y con la convicción de que el poder público solo tiene sentido cuando se ejerce al servicio de la gente.

En un país diverso y desigual como México, la distancia entre el gobierno y la ciudadanía ha sido, históricamente, una de las principales causas de descontento social. Apostar por el territorio es, en ese sentido, una apuesta por reconstruir la confianza y fortalecer la democracia desde abajo. El verdadero reto no es cuántos kilómetros se recorren, sino que esa cercanía se traduzca en mejores decisiones, políticas más justas y resultados tangibles para la población.