Saltar al contenido

Círculo Político MX

"Justicia territorial y futuro ambiental en Lázaro Cárdenas, Quintana Roo: Cuando conservar sin desarrollar también pone en riesgo a la naturaleza."

Aquí tienes el texto estructurado, respetando íntegramente el contenido original y utilizando negritas y jerarquía visual para facilitar la lectura:


Este texto abre una serie de artículos sobre desarrollo, justicia social y política ambiental en el Caribe Norte de Quintana Roo. A partir del caso de Lázaro Cárdenas, analizaremos cómo el rezago histórico y la falta de oportunidades productivas inciden en la presión sobre los ecosistemas, y por qué el desarrollo sostenible es una condición necesaria para una conservación ambiental duradera, con bienestar para las comunidades.

La protección del medio ambiente no puede sostenerse únicamente en la prohibición ni en la ausencia de actividad económica. En territorios históricamente marginados como Lázaro Cárdenas, Quintana Roo, la conservación sin desarrollo se vuelve frágil, y el abandono prolongado abre condiciones de vulnerabilidad social y ambiental que terminan debilitando aquello que se busca proteger.

La evidencia social y ambiental apunta a una conclusión central: el desarrollo sostenible, bien regulado y con beneficios comunitarios, no es una amenaza para la naturaleza, sino una herramienta de prevención ambiental. Sin empleo formal, sin inversión responsable y sin fortalecimiento institucional, la presión sobre los ecosistemas no desaparece; se desplaza hacia economías de subsistencia más difíciles de regular y controlar.

Desde una visión de justicia territorial —coherente con el humanismo mexicano y la lógica de la Cuarta Transformación— conservar implica también garantizar derechos, generar oportunidades y romper ciclos históricos de exclusión. Proteger el territorio y proteger a su gente no son agendas opuestas: son inseparables.

El problema de fondo: territorios ricos, pueblos empobrecidos

Lázaro Cárdenas es un municipio con una riqueza natural estratégica para el Caribe Norte. Su territorio colinda con zonas de alto valor ecológico como Cabo Catoche y áreas cercanas a Yum Balam, fundamentales para la biodiversidad regional.

Sin embargo, esa riqueza ambiental contrasta con indicadores sociales profundamente rezagados. De acuerdo con datos de CONEVAL, más del 65% de su población vive en situación de pobreza y alrededor del 20% en pobreza extrema. Esta realidad no responde a decisiones individuales, sino a una herencia estructural del modelo neoliberal, que concentró la inversión turística en unos cuantos polos y dejó fuera a amplios territorios del norte del estado.

Mientras municipios del corredor Cancún–Riviera Maya captaron inversión, empleo e infraestructura, Lázaro Cárdenas quedó al margen del modelo turístico dominante, sin un motor económico sostenido ni capacidades institucionales robustas.

Cuando el desarrollo no llega, aumenta la vulnerabilidad

La pobreza no determina conductas ni define valores. La mayoría de las personas en situación de carencia no incurre en actividades ilegales. Sin embargo, la evidencia internacional muestra que la falta de alternativas productivas formales incrementa la vulnerabilidad social, especialmente en regiones con abundantes recursos naturales y vigilancia institucional limitada.

Organismos internacionales han identificado que la pesca ilegal, la caza furtiva y otras actividades extractivas no reguladas tienden a aparecer con mayor frecuencia cuando confluyen:

  • Escasez de empleo formal.

  • Debilidad institucional para vigilar grandes extensiones territoriales.

  • Ausencia de opciones económicas legales.

En Lázaro Cárdenas, estos factores coexisten como resultado de décadas de exclusión, no como una característica cultural ni comunitaria.

Economías de riesgo: síntomas de exclusión, no causas del problema

Desde una mirada humanista y de izquierda latinoamericana, es fundamental entender que estas prácticas no son el origen del deterioro ambiental, sino una manifestación de condiciones estructurales. Donde hay empleo digno, ingresos estables y presencia estatal efectiva, estas actividades disminuyen. Donde no los hay, el riesgo aumenta.

No se trata de depredación sistemática, sino de estrategias de sobrevivencia en contextos de abandono. Por ello, abordar el problema exclusivamente desde la criminalización o la prohibición resulta insuficiente y, en muchos casos, contraproducente.

El círculo de la vulnerabilidad territorial

La experiencia de Lázaro Cárdenas permite identificar un ciclo que se repite en territorios marginados:

  1. Rezago social y baja inversión productiva.

  2. Escasez de empleo formal.

  3. Vulnerabilidad económica cotidiana.

  4. Mayor exposición a economías informales o ilegales.

  5. Presión ambiental creciente que reduce oportunidades futuras.

Este ciclo muestra que cancelar el desarrollo no elimina la presión ambiental; la intensifica y la vuelve más difícil de gestionar.

Desarrollo sostenible: una política ambiental preventiva

El debate no es desarrollo contra conservación. Esa dicotomía es falsa. La discusión real es qué tipo de desarrollo y con qué reglas. El desarrollo sostenible, de baja densidad y con fuerte regulación ambiental, puede:

  • Generar empleo legal y permanente.

  • Reducir incentivos para economías de subsistencia de alto impacto.

  • Fortalecer las finanzas municipales.

  • Mejorar la capacidad de vigilancia y gestión ambiental.

  • Integrar a las comunidades en la protección del territorio.

Negar estas oportunidades en municipios históricamente olvidados no protege la naturaleza; la deja más expuesta.

Conservar también es garantizar oportunidades

La experiencia de Lázaro Cárdenas deja una lección clara para la política pública ambiental: no hay conservación duradera sin justicia social. Proteger la selva y el mar implica también garantizar que quienes viven en esos territorios tengan opciones reales para vivir con dignidad.

El proyecto transformador de la Cuarta Transformación parte de esta premisa: primero los pobres, también en la política ambiental. Donde el pueblo tiene oportunidades, la conservación se fortalece; donde el pueblo es excluido, incluso los territorios más valiosos quedan en riesgo.

Proteger el territorio es, también, no volver a condenar al olvido a quienes lo habitan. Esa es la base de un ambientalismo verdaderamente transformador y de largo plazo.