El 7 de abril de 2005, la Cámara de Diputados votó a favor de retirar el fuero constitucional a Andrés Manuel López Obrador, entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal. El supuesto motivo era un procedimiento judicial por “desacato” derivado de la construcción de un hospital que hoy atiende a miles de personas en Iztapalapa. Sin embargo, la derecha más reaccionaria tenía un objetivo claro: frenar al puntero en todas las encuestas rumbo a las elecciones presidenciales de 2006.
Este intento de desafuero no solo fracasó en su cometido, sino que se convirtió en un parteaguas histórico. La resistencia popular que generó actuó como catalizador y aceleró la descomposición del viejo régimen prianista, al tiempo que sembró las bases ideológicas y organizativas de la Cuarta Transformación.
El triunfo de Vicente Fox en el año 2000 se había celebrado como el supuesto fin del autoritarismo priista. No obstante, el intento de desafuero de 2005 reveló la verdadera cara de la derecha: solo cambiaron los nombres, pero no los intereses. Para muchas personas, ese episodio puso al descubierto la gran mentira de la llamada “transición a la democracia”. La alianza entre el PAN y el PRI en la Cámara de Diputados para votar en contra de López Obrador demostró que la derecha estaba dispuesta a utilizar de forma facciosa las instituciones para eliminar a su principal adversario, rompiendo las “reglas del juego democrático” que ellos mismos presumían haber construido.
Lejos de tratarse de un tecnicismo jurídico, la acción fue un burdo intento de golpe de Estado mal ejecutado, un acto de canallada orquestado desde la cúpula de la derecha.
La trascendencia de la lucha encabezada por el entonces jefe de gobierno radicó en su capacidad para transformar la indignación popular en un movimiento de resistencia masiva. Enfrentando a un bloque reaccionario que controlaba la mayoría de los medios y las instituciones federales, López Obrador optó por la movilización pacífica. La “Marcha del Silencio” del 24 de abril de 2005, en la que más de un millón de personas caminamos en silencio hacia el Zócalo, mostró una capacidad de convocatoria inédita y reveló al pueblo como el verdadero actor político, despertando de un letargo.
Esa desobediencia civil pacífica significó la primera gran derrota mediática y política del PAN y las televisoras, que minimizaron la protesta mientras las calles mostraban una realidad distinta.
La presión popular fue tan abrumadora que obligó a Fox a desistir del juicio y a pedir la renuncia al entonces procurador general, Rafael Macedo de la Concha. Aun así, aunque López Obrador evitó la cárcel, ese episodio marcó el inicio de la guerra sucia más grande y costosa de la historia moderna del país. Una guerra impulsada por la alianza entre el PRIAN, los medios de comunicación y agencias políticas internacionales vinculadas a gobiernos de derecha en América Latina. Esa campaña no cesó hasta el final de la contienda presidencial de 2006, elección que muchos recordamos como el primer gran fraude electoral del siglo XXI.
Paradójicamente, ese fraude fortaleció el argumento de López Obrador sobre la alianza reaccionaria del PRI y el PAN, que siempre respondieron a los intereses de la mafia del poder y que, en ese momento, se quitaron la máscara. La lucha contra el desafuero se convirtió así en la piedra fundacional de nuestro movimiento. Al recordar ese episodio, la Claudia Sheinbaum lo definió como el momento exacto en que “surge el movimiento de la Cuarta Transformación”.
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La lucha contra el desafuero de 2005 fue mucho más que la defensa de un político. Fue un momento de esclarecimiento nacional en el que el pueblo tomó conciencia de que la alternancia entre el PRI y el PAN no representaba una verdadera transformación. La resistencia liderada por López Obrador demostró que el poder no reside en instituciones cooptadas por la derecha, sino en la organización popular. Al sobrevivir a ese embate, López Obrador no solo aseguró su regreso a la contienda electoral años después, sino que sentó las bases de un nuevo movimiento político que, al llegar a la Presidencia en 2018, borró del mapa electoral a los partidos que intentaron destruirlo.
El desafuero fue el horno donde se forjó la 4T.




