La marcha del pasado 15 de noviembre se presentó como un acto “ciudadano”, pero en los hechos fue una movilización sin objetivo claro, sin demanda concreta y profundamente dirigida —y financiada— por los mismos sectores conservadores que históricamente han utilizado la calle únicamente cuando pierden privilegios. A diferencia de los grandes movimientos sociales de México, esta marcha no emergió de una injusticia estructural, sino de una narrativa fabricada para debilitar políticamente a un gobierno emanado del voto popular.
Para entender por qué la movilización del 15 de noviembre careció de auténtico contenido social, es indispensable mirar la historia: en México, las grandes luchas han nacido siempre desde abajo y desde la izquierda, y nunca al servicio del poder económico.
La represión como respuesta al movimiento social
En los años sesenta, cuando el país vivía bajo el rígido control del PRI, el Estado respondía a la organización ciudadana con represión y violencia. Tlatelolco en 1968, el Halconazo de 1971, Acteal en 1997, entre muchos otros episodios, no fueron accidentes: fueron expresiones de un régimen que temía a los jóvenes, a los obreros y a cualquier intento de democratización.
El sociólogo Charles Tilly advertía que “los movimientos sociales no aparecen en el vacío; emergen cuando la gente común logra convertir sus quejas en acción colectiva”. Bajo esa luz, los movimientos de la época surgieron precisamente porque había quejas reales: autoritarismo, falta de libertades y ausencia de democracia.
El CEU: la universidad como semillero de la izquierda
En los años ochenta, el Consejo Estudiantil Universitario (CEU) representó una de las expresiones más auténticas de organización social. La defensa de la educación pública y gratuita, la exigencia de igualdad de condiciones para los universitarios y la resistencia frente a las políticas privatizadoras marcaron a toda una generación.
Entre quienes participaron estaba una joven estudiante de física de la Facultad de Ciencias, de la UNAM: Claudia Sheinbaum Pardo, hoy Presidenta de México. Su militancia universitaria sintetizaba la convicción de que el conocimiento es un derecho, no un privilegio.
El teórico Paulo Freire, referencia fundamental para la pedagogía crítica, decía: “La educación no cambia al mundo; cambia a las personas que van a cambiar el mundo”. Esa fue la esencia del CEU: formar ciudadanos conscientes para transformar su realidad.
#YoSoy132: la batalla contra la manipulación mediática
Décadas después, en 2012, el movimiento #YoSoy132 volvió a poner en el centro la dignidad estudiantil. La chispa ocurrió en la Universidad Iberoamericana, cuando Enrique Peña Nieto huyó al baño para evitar escuchar a los jóvenes que le reclamaban por Atenco. Aquello evidenció el miedo del poder a la crítica estudiantil.
El movimiento exigió la democratización de los medios y denunció el intento de restaurar un régimen mediático autoritario. Como ha escrito Noam Chomsky: “La propaganda es a la democracia lo que la violencia es al Estado totalitario”. Esa frase describía con precisión el México de 2012.
Ayotzinapa: la herida abierta del país
En 2014, ya con Peña Nieto en la presidencia obtenida mediante la compra masiva de votos, ocurrió uno de los crímenes de Estado más dolorosos: la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. El contubernio entre gobierno y crimen organizado reveló la profundidad de la podredumbre institucional.
Galeano lo expresó así: “La historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás: por lo que fue, y contra lo que fue, anuncia lo que será”. Ayotzinapa anunció el hartazgo definitivo del pueblo mexicano.
De la lucha social a la Cuarta Transformación
Los movimientos sociales en México, como explican Tarrow y Tilly, surgen cuando hay “estructura de oportunidad política”: cuando la sociedad percibe que puede cambiar las cosas. Esa oportunidad se materializó en 2018 con la llegada de la Cuarta Transformación, que no nació de un capricho, ni de élites, sino de décadas de lucha social, obrera, campesina y estudiantil.
Por eso contrasta tanto la marcha del 15 de noviembre con esta historia. No representa una causa legítima, ni una injusticia por corregir; representa el intento de la derecha mexicana de apropiarse de símbolos que nunca le han pertenecido, porque jamás ha defendido al pueblo cuando realmente importaba.
Como dijo Ernesto “Che” Guevara: “El verdadero revolucionario está guiado por grandes sentimientos de amor”. Y el amor a la justicia, a la verdad, a la educación y a la democracia ha estado siempre del lado de quienes luchan desde la izquierda.
Quizá te interese también leer:
La 4T es fruto de esa larga memoria. Y la izquierda mexicana seguirá caminando, porque sabe que nada está garantizado y que los derechos no se heredan: se conquistan y se defienden.




