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Círculo Político MX

"La paz como principio político: Juárez, Lincoln y la soberanía frente a la fuerza." Por Rafael Chacón

El reciente pronunciamiento de la presidenta Claudia Sheinbaum, al citar el Artículo 2, párrafo 4 de la Carta de las Naciones Unidas, no es un gesto retórico ni diplomático: es una afirmación de principios de derecho. En un contexto internacional marcado por la amenaza y el uso recurrente de la fuerza, México vuelve a colocar en el centro de su política exterior el respeto a la soberanía y la no intervención.

 

Esta postura puede comprenderse mejor si se observa desde dos vertientes politicas que convergen de manera notable: la de Benito Juárez y la de Abraham Lincoln. Juárez, tras enfrentar la intervención francesa, dejó una lección vigente: "Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz". No se trataba de una frase moral, sino de una definición política. Para Juárez, la paz solo era posible cuando el derecho sustituia a la fuerza como principio rector del orden internacional.

 

Abraham Lincoln, desde otro contexto, defendió una idea similar. En el Discurso de Gettysburg afirmó que un gobierno "del pueblo, por el pueblo y para el pueblo" debía preservarse. Aunque recurrió a la fuerza para mantener la unidad constitucional de su país, nunca sostuvo que la democracia pudiera imponerse desde fuera. Para Lincoln, la legitimidad politica solo podía surgir de la voluntad popular, no de la intervención extranjera.

 

La coincidencia entre Juárez y Lincoln es clara: la soberania y la autodeterminación no son obstáculos para la democracia, sino su condición esencial. Bajo esta lógica, la posición de México no implica indiferencia frente a los conflictos internacionales, sino una defensa del derecho como limite al poder. En tiempos donde la fuerza vuelve a presentarse como solución, recordar que la paz se construye con leyes y no con armas es, quizá, el acto político más responsable.

 

Una conclusión posible después de la captura de Maduro, es que lejos de estabilizar a Venezuela, podria empujarla al escenario chomskiano de Estado fallido, donde la soberanía se diluye, el conflicto se prolonga y el pueblo paga el mayor costo.