Con la reciente visita del mandatario estadounidense a China, se pone en manifiesto que ya no todo se resuelve en Washington, y que nuestro vecino del norte está buscando replanteamientos económicos y comerciales. Estados Unidos y China, suman en sus PIB al año 2024, alrededor del 43% del valor mundial (México representa el 1.67%) y tienen alrededor de una cuarta parte del volumen mundial en conjunto, tanto de exportaciones como importaciones.
Aunque las métricas económicas siguen considerando a los Estados Unidos como la gran potencia mundial, la distancia entre los valores de dichas métricas es cada vez menor con China. Y es que el país asiático, potencia cultural milenaria, se aproxima rápidamente a convertirse también en potencia económica, financiera y tecnológica. Durante la última década, ha construido más kilómetros de tren rápido que los que ya existían en todo el mundo, rascacielos, ciudades enteras, grandes proyectos de infraestructura para la generación de energía y toda una serie de acuerdos y colaboraciones para extender su influencia internacional a través de su iniciativa de la Franja y la Ruta. Esta iniciativa del gobierno chino implementada desde 2013, retoma la historia y valor geopolítico de la famosa Ruta de la Seda, que conectaba Asia oriental con la India, Europa y África. Actualmente, son proyectos financiados por el Banco de Desarrollo Chino a lo largo de esta renacida ruta, que directamente impactan países del occidente asiático y la costa oriental de África y que, además, repercuten en el comercio mundial de manera indirecta, los que tienen en jaque a la estrategia de militarización y colonización imperialista yankee.
La guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán, tiene al mundo en vilo por el control del estrecho de Ormuz provocando el estrangulamiento de la cadena de suministro de petróleo y gas natural. Ha sido ésta una gran derrota bélica y política para la máxima potencia militar del mundo, porque más allá de los problemas inflacionarios que provocan los altos precios de los energéticos, ha puesto sobre la mesa la fragilidad del petrodollar al empezar a implementar como moneda alternativa el Yuan en el ámbito petrolífero.
Ya no basta con propaganda y declaraciones de victoria o de grandeza, ya no son suficientes las coberturas “informativas” de los medios al servicio de los poderes fácticos. La realidad es que poco a poco nos hemos venido acercando a un cambio global de régimen, de lo que se ha hablado antaño como el mundo multipolar. Sin embargo, ante una descarnada desigualdad de desarrollo y de oportunidades entre naciones herencia del capitalismo exacerbado por el neoliberalismo, surge la duda de si los nuevos liderazgos buscan rearticular la geopolítica hacia una nueva forma de convivencia entre naciones, o si este tipo de encuentro entre gigantes es una repartición de este nuevo mundo multipolar. Sobre la posible respuesta, cabe recalcar el talante histórico de la diplomacia mexicana, libertad, resolución pacífica de los conflictos, soberanía de los pueblos y no intervención. Y desde México seguiremos repitiendo, coordinación, colaboración sin subordinación.
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