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Círculo Político MX

La semilla de la transformación de Pinotepa: justicia y soberanía. Por Yadira Juana Oliva Bustos

 

Mujer afromexicana, gestora social y terapeuta en medicina ancestral.

El viento que recorre Santiago Pinotepa Nacional lleva consigo el eco y la fuerza de nuestros ancestros. Somos un pueblo pluricultural, porque son tres etnias que representan a Pinotepa —la afro, la indígena y la mestiza—, de manos trabajadoras y corazón resiliente, pero también somos un pueblo que ha resistido décadas de abandono y de políticas neoliberales que nos dieron la espalda. Hoy, en este largo y difícil camino de la transformación de la vida pública de México, es imperativo atender los problemas de la producción en nuestras tierras, para garantizar bienestar y justicia a quienes la trabajan ya que, históricamente, han sido el sosten económico de nuestro país.

Pero no podemos hablar de un bienestar auténtico si ignoramos muchas más heridas que siguen abiertas en nuestro municipio. He caminado las calles y escuchado, como de costumbre, las necesidades de nuestra gente y me duele profundamente, escuchar una súplica constante, atender la contaminación ambiental que ahoga nuestra tierra. Duele ver nuestro Río de la Arena, que hoy agoniza por las aguas residuales que corren a cielo abierto por la zona urbana y por la indolencia histórica en el tratamiento de los residuos sólidos.

A esta crisis ecológica se suma el legítimo y constante reclamo de nuestras comunidades. Nuestras hermanas y hermanos han salido a protestar, con justa razón, por la falta de ejecución de obras y la opacidad en el manejo de los recursos públicos. Esto es el reflejo de la impotencia contra el abuso de poder, la percepción de impunidad y la corrupción generalizada. Exigimos que los principios rectores de no mentir, no robar y no traicionar dejen de ser letra muerta para las autoridades locales y se conviertan en una realidad palpable en cada rincón de nuestro querido Estado de Oaxaca.

Durante el oscuro periodo hegemónico neoliberal, los políticos utilizaron el rezago de nuestro campo, la falta de oportunidades y los caminos destrozados como simples banderas electorales; esa misma retórica vacía y trillada continua con los mismos grupos políticos disfrazados de transformadores, para confundir y persuadir al pueblo en tiempos de elecciones para luego olvidarse de él. Pero para nosotros, los que nacimos, vivimos y labramos esta tierra, la atención real de los problemas sociales y la contaminación del campo no es solo un discurso, es nuestra vida misma, es nuestra medicina y nuestro sustento.

Por otro lado, en nuestro largo caminar por las mas de 30 agencias que conforman las zonas de producción del campo de Pinotepa Nacional, la constante es el rescate profundo, honesto y amoroso de nuestra agricultura, a través de la defensa y revitalización de nuestros maíces criollos. Estoy convencida que la soberanía alimentaria es nuestro derecho a decidir sobre nuestras propias políticas de producción, distribución y consumo de alimentos.

En este sentido, “cuando una comunidad controla su tierra y sus semillas, asegura su independencia frente a los mercados globales y ejerce el verdadero poder popular”

Como terapeuta en medicina ancestral, sé que la salud física, espiritual y social de nuestro pueblo está intrínsecamente ligada a lo que la madre tierra nos da. Volver a sembrar, valorar y consumir nuestro maíz criollo es un acto de resistencia y de soberanía alimentaria. Es proteger nuestra biodiversidad de las semillas transgénicas y de los intereses de quienes buscan lucrar con la necesidad.

Desde mi experiencia considero que todos los problemas sociales, ecológicos, alimentarios y de la producción del campo, tienen que ver con la sensibilidad de las personas que gobiernan nuestros municipios, necesariamente, quienes asuman esa responsabilidad, deberán poner por encima de los intereses personales, la voluntad popular y dignificar los derechos, generando trabajo honesto, reactivar la economía local desde las bases y crear oportunidades reales que arraiguen a nuestras juventudes a su tierra con orgullo, construyendo paz y tejido social desde la raíz.

Estoy convencida que la transformación se va a consumar desde abajo, encabezada por los pueblos y comunidades pluriculturales originarias que sienten, que viven y sufren los resultados de la mala toma de decisiones.

La verdadera transformación, la hará el pueblo, o no será. Porque lo tenemos muy claro: “con el pueblo todo, sin el pueblo nada”.