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Círculo Político MX

"La sonrisa de Ronald McDonald" Por Ramón Gerónimo Olvera

La definición de comida chatarra para Mc Donalds es certera. Lo que debería de ser carne fresca es canjeada por una versión casi de plástico, el exceso de carbohidratos que violenta toda dieta saludable y lo prefabricado de sus alimentos contrastan con la fotografía de la publicidad donde se ve comida abundante, saludable y fresca. El pésimo producto es equiparable a la publicidad que lo sustenta: el payaso Ronald, quien congela una sonrisa enteramente falsa y posada. Símbolo de la hipocresía. Si se afirma que nuestro tiempo es el del simulacro (movido por el hiperconsumo y la velocidad en todos los procesos de la vida cotidiana) este sería el ejemplo más emblemático. Yo le planteo, estimado lector/a alejarnos del síndrome de la sonrisa de Ronald.

 

Byung-Chul Han refiere con atino, que el sujeto de nuestros días no necesita que un ente externo le explote de manera explícita. La lógica del dominio es tan efectiva y apocalíptica que la persona misma se autoexplota, originando la culpa por “no rendir más” que llega a cosas tan increíbles como sentir culpa por tener ganas de descansar. Esto solo es posible si antes de manera callada e inconsciente se instauró el síndrome de Ronald. Desde pequeños vivimos el bombardeo: “uno debe andar SIEMPRE, con una sonrisa en la boca”, “toca sonreír a cualquier circunstancia de la vida”, “Así no tengas ganas: sonríe. Solo de esta manera el universo va a conspirar a tu favor”. Y como consecuencia tenemos ejército de autómatas que detrás del simulacro de la sonrisa obligada engrosan libros de superación personal, toman sin reflexionar cursos de mindfulness y pontifican de neurociencia y conducta sin tener la menor idea de lo que dicen los instructores. Se alimentan con un Mc Donalds emocional con la consabida y nociva sonrisa del simulacro.

 

No se vaya a confundir lo que planteo. Le deseo de todo corazón un año 2026, lleno de parabienes, donde sea plena la salud, el amor y la posibilidad de que lleve a cabo sus proyectos de vida. Con ese mismo ánimo recibo el año. Pero como toda empresa humana, tendrá frente a sí problemas, tristeza e infortunios. Sería hipócrita y mentiroso suponer que estos no existan. Sería terrible negarlo bajo la máscara del falso “optimismo”. Del tamaño del obstáculo es la valía de la proeza. Le comparto un par de reflexiones de la filosofía estoica. Epicteto nos dice: “No pretendas que las cosas ocurran como tu quieres. Desea, más bien, que se produzcan tal como se producen, y serás feliz.” Evitar el impulso de dominar los acontecimientos, siendo que la mayoría de ellos van más allá de nuestra voluntad, es una buena forma de entender los problemas. La parte de parcela que nos toque por cultivar y cuidar debe estar siempre limpia y atendida, la posibilidad de nubarrones y tormenta, no está en nuestras manos, para ello trabajemos en una sana aceptación.

 

El gran Seneca nos dijo: “Sin estudiar enferma el alma” por estudio se entiende mucho más allá de los grados académicos, hacer ejercicios propios de conciencia y observar con atención al mundo, sin juzgarlo de entrada, para entender sus engranajes es una forma eficaz de nutrirse. El filósofo continúa “No hay viento favorable para el que no sabe donde va” separar con claridad lo que son deseos propios de los impuestos es una forma de encontrar momentos de dicha y felicidad duraderos. Le deseo lo mejor para este año, que cuando toque llorar, reír, indignarse, ofrecer y recibir el perdón sea con toda la plenitud, sin máscaras inventadas por otros, ya sea para manipular o ser presas del consumo.