Profeso admiración por la constitución de 1857 y sus implicaciones: el nacimiento del Estado moderno, la instauración de la laicidad en la vida pública, el combate frontal a la marginación, la relevante transición de fieles llenos de culpas y dogmas a la instauración de la categoría de ciudadano con personas soberanas y libres, la organización en una república federal y claro la tajante separación entre la iglesia y el estado. Pero en reivindicación del afán crítico no todo fue “miel sobre hojuelas”
El trabajo intelectual de Carlos Montemayor fue profundo y amplio. Entre varias de sus líneas de trabajo se puede destacar el estudio y traducción de las lenguas indígenas. En su libro “Los pueblos indios de México” (2010) al analizar la situación histórica de los indígenas dice respecto a la Reforma que con José María Mora “Se deterra la palabra indio del lenguaje oficial” para concluir que: “para los liberales el indio es una carga (…) toca “redimirlo”. Esta visión orilló a que no era necesario abordar particularidades de una nación plurilingüe y diversa. De ninguna manera se trató de una mala intención, la postura refleja, eso sí, el espíritu ideológico de la época, donde al adquirir la plena igualdad jurídica no era necesario atender a particularidades. Esta desaparición del México indígena ante la ley nace de un buen deseo, pero en la práctica resultó sumamente nocivo para el desarrollo y la dignidad de las comunidades indígenas.
A lo largo de los siglos se viene dando una lucha por la defensa de derechos específicos y el asumir en la práctica la pluralidad. Si bien, con dolorosos rezagos pendientes se han visto importantes cambios. En ese marco se da la visita de nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum, quien en su más reciente visita a Chihuahua devolvió 3 mil hectáreas al pueblo Odami al tiempo que de manera abierta escuchó los reclamos concretos de las y los miembros de la comunidad. La humildad -valor poco frecuente en nuestros días- fue la actitud con la que la presidenta atendió demandas y planteamientos. Este hecho es fundamental, ya que el reconocimiento de la propiedad es el principio de partida para la justicia y la reivindicación.
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La deuda que se tiene con el México indígena y campesino es gigantesca. después de 3 grandes movimientos armados en pro de la igualdad, todavía tenemos amplias zonas del territorio presas de la marginación. En el caso de Chihuahua, el titular de la Secretaría de pueblos y comunidades indígenas, es Enrique Rascón, un personaje ignorante en estos temas y causas, mucho más cercano a los intereses del PRI y del grupo de Manlio Fabio Beltrones que a los clamores de justicia de los grupos indígenas. El México clasista sigue queriendo usar el nombre indígena como sinónimo de insulto. Revertir esta realidad implica repensarnos como sociedad y cultura, asumirnos como un puente de diálogo permanentemente abierto y velar por redistribuir la riqueza, para poder asumirnos como plenos en lo diverso.




