En el mapa del éxito neoliberal, el norte de Quintana Roo suele presentarse como el "escaparate de la modernidad". Sin embargo, basta una mirada con lente de clase hacia el municipio de Lázaro Cárdenas para entender que el desarrollo no es un derrame automático, sino una disputa por el territorio. Mientras los polos turísticos adyacentes acumulan capital, nuestras comunidades ejidales han sido sometidas a un régimen de exclusión institucional que hoy, en plena era de transformación, estamos llamados a revertir con urgencia.
El rezago de Lázaro Cárdenas no es falta de potencial; es el resultado de décadas de una lógica patrimonialista y tecnocrática de los gobiernos del PRIAN. Históricamente, al ejidatario se le ha reconocido la propiedad en el papel, pero se le ha expropiado la voluntad política mediante un paternalismo de Estado que lo reduce a un "sujeto a proteger" y no al sujeto histórico que es: el guardián legítimo del territorio.
Contra la conservación sin pueblo: por un humanismo ambiental
Durante el largo periodo neoliberal prianista, se impuso una visión de "conservación de museo": proteger la naturaleza expulsando al ser humano. Esta narrativa, funcional a los intereses de las élites que prefieren territorios vacíos para su posterior especulación, asume que la mejor forma de cuidar es prohibir. Es la falacia de la conservación sin pueblo.
En la Cuarta Transformación entendemos que no hay justicia ambiental sin justicia social. El pueblo de Lázaro Cárdenas no está al margen de la selva ni del litoral; es parte orgánica de ellos. Han cuidado este ecosistema por generaciones, no por decreto, sino por identidad. Imponer restricciones desde escritorios lejanos, ignorando los saberes comunitarios y las necesidades materiales de las familias, no es proteger el medio ambiente; es perpetuar el despojo administrativo.
El desarrollo sustentable como herramienta de liberación
Para avanzar más rápido hacia el bienestar, debemos romper la falsa dicotomía entre conservar y crecer. El Humanismo Mexicano que guía el segundo piso de esta transformación nos exige implementar modelos de economía social y solidaria donde la protección de la biodiversidad sea el motor, y no el freno, del desarrollo local.
Cuando la burocracia ambiental se vuelve punitiva y no propositiva, genera vacíos que son aprovechados por la informalidad y las economías de riesgo. El rezago en Lázaro Cárdenas es la prueba de que la restricción sin alternativas es, en sí misma, una forma de violencia estructural.
Hacia un pacto territorial decolonial
El reto para la nueva etapa de gobierno es claro: necesitamos una gestión del territorio que sea profundamente democrática. No más decretos de arriba hacia abajo. El futuro de Lázaro Cárdenas debe construirse sobre tres pilares:
Soberanía Ejidal: Que el ejido sea el actor central de los proyectos turísticos y productivos, eliminando el intermediarismo rapaz.
Participación Vinculante: Que el Convenio 169 de la OIT no sea una formalidad legal, sino la base de todo programa de manejo ambiental.
Inversión Social para la Sustentabilidad: Que los beneficios de la conservación lleguen directamente a quienes cuidan la tierra, mediante pagos por servicios ambientales dignos y fomento al cooperativismo.
No podemos permitir que el "desarrollo" siga siendo una palabra que solo rime con despojo. Proteger el medio ambiente es proteger el tejido social. En Lázaro Cárdenas, la transformación debe ser el puente que una la preservación de nuestra riqueza natural con la dignidad irreversible de nuestro pueblo.
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