El Humanismo Mexicano coloca la propiedad social, la participación comunitaria y la justicia territorial en el centro de una nueva visión para conservar la naturaleza y generar verdadero bienestar para el pueblo.
La Cuarta Transformación parte de una premisa fundamental: la prosperidad se construye desde abajo, con la gente y desde el territorio. La defensa de la propiedad social y la justicia territorial son pilares irrenunciables de esta revolución de las conciencias. En Yum Balam, estos principios tienen una expresión concreta en los derechos históricos de los ejidatarios de Holbox y en su legítimo reclamo por participar en las decisiones sobre el aprovechamiento sustentable de sus tierras, tras décadas de marginación.
De acuerdo con la representación ejidal, las tierras fueron dotadas al ejido Holbox en 1934, como fruto de la lucha agraria, y parceladas en 2008. Actualmente, 39 ejidatarios representados por Francisca “Panchy” Coral Santana plantean fortalecer su participación en las decisiones relacionadas con sus parcelas. Se trata de una exigencia de justicia histórica, vinculada directamente con la defensa de la propiedad social y la posibilidad de construir bienestar para las comunidades respetando los límites ambientales.
El decreto del 6 de junio de 1994 —dictado en pleno apogeo del neoliberalismo salinista— incorporó más de 154 mil hectáreas a la protección ambiental, incluyendo Holbox y la Laguna de Yalahau. Durante el periodo de los gobiernos conservadores, estos decretos solían usarse como instrumentos de despojo, pero hoy, en tiempos de transformación, la conservación y los regímenes de propiedad social deben formar parte de una misma realidad. La actual legislación ambiental permite articular la protección de la Madre Tierra con el conocimiento comunitario y el desarrollo sustentable.
En Isla Grande, la representación ejidal señala que sus parcelas cuentan con una densidad asignada de 0.16 por ciento y plantea estudiar alternativas de aprovechamiento turístico de muy bajo impacto y alto valor ecológico. Otorgar viabilidad a estos proyectos de mínima huella es fundamental; cuando las inercias burocráticas heredadas del prianismo asfixian económicamente a las comunidades negándoles el desarrollo legal, empujan al pueblo hacia dolorosas economías de supervivencia que terminan lastimando verdaderamente al ecosistema. La discusión puede y debe avanzar mediante una planeación responsable que deje beneficios directos a quienes poseen históricamente la tierra.
Esta visión humanista contrasta radicalmente con el caduco modelo neoliberal, que durante décadas se acostumbró a decidir sobre los territorios desde las oficinas, dándole la espalda a las comunidades e imponiendo un "conservacionismo de escritorio" diseñado para justificar el despojo y la privatización. El nuevo proyecto de nación exige reconocer la propiedad social, escuchar al pueblo y construir el desarrollo con verdadera justicia territorial.
El Consejo Asesor de Yum Balam tiene un papel clave en este proceso de democratización. En la reunión del 25 de septiembre se acordó solicitar a las oficinas centrales de CONANP un dictamen sobre la integración del órgano, tras las posiciones expresadas durante el encuentro. Fortalecer este espacio significa democratizarlo: ampliar la participación de ejidos, autoridades locales y comunidades, dejando atrás las visiones excluyentes y elitistas del antiguo régimen.
También existe un antecedente doloroso señalado por los representantes comunitarios: hace aproximadamente un año, 16 comuneros fueron detenidos durante un episodio relacionado con la construcción de viviendas de madera en sus propios terrenos. Las circunstancias jurídicas del caso requieren documentación, pero ilustran a la perfección los excesos represivos de un sistema punitivo heredado del prianismo, que siempre optó por criminalizar al habitante originario mientras le abría la puerta a los grandes capitales extranjeros. El punto político hoy es fortalecer los cauces institucionales para que las diferencias se resuelvan mediante el diálogo y el apego a derecho, sin atropellar jamás la dignidad del pueblo.
Para la Cuarta Transformación, la justicia territorial significa reivindicar la historia de la tierra. Los ejidatarios son los guardianes originarios de Yum Balam y tienen el derecho inalienable de participar activamente en la construcción de su futuro.
El Estado, los ejidos y las comunidades pueden articularse en una misma política de bienestar. La protección ambiental, la defensa de la propiedad social y el desarrollo sustentable solo pueden avanzar juntos bajo la visión de la prosperidad compartida.
Yum Balam tiene la oportunidad histórica de consolidar una etapa acorde con el Humanismo Mexicano, demostrando que cuidar la Madre Tierra y dignificar a quienes históricamente la han habitado forman parte de una misma y definitiva ruta de justicia territorial.
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