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Círculo Político MX

Los ejidos en Yum Balam y el derecho del pueblo al bienestar

Yum Balam

En medio de la conversación que se generó en redes sociales a partir de uno de nuestros artículos anteriores sobre Yum Balam y la situación de los ejidos del norte de Quintana Roo, leímos un comentario que planteaba una idea que vale la pena analizar con seriedad. La persona señalaba que, desde su perspectiva, a los ejidatarios “solo les importa el dinero”.

En respuesta a esta opinión, surgieron otras voces que ayudan a entender mejor el debate. Una usuaria escribió que los ejidos deberían recibir apoyo por proteger durante años reservas ecológicas donde ahora existen cada vez más restricciones para aprovechar sus tierras.

Cuando una comunidad habla de dinero, muchas veces en realidad está hablando de bienestar, estabilidad y de la posibilidad de vivir con dignidad dentro de su propio territorio. En un sistema donde las oportunidades dependen del acceso a recursos económicos, resulta natural que las familias ejidales también quieran mejorar sus condiciones de vida.

Esa necesidad de reducir desigualdades y darle al pueblo herramientas para construir bienestar fue una de las razones por las que nacieron los ejidos después de la Revolución Mexicana. El reparto agrario surgió como un acto de justicia social para devolverle al pueblo acceso a la tierra, bienestar y soberanía territorial.

Es por esto que la conversación sobre Yum Balam no puede quedarse solamente en el plano ambiental. Tiene que incorporar la realidad de quienes durante generaciones han protegido la selva, los manglares y buena parte del equilibrio ecológico del norte de Quintana Roo.

La reciente resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación dejó entre muchos habitantes la sensación de que faltó profundizar en la realidad social y económica que viven los ejidatarios de la región.

Muchas localidades rurales todavía enfrentan rezagos históricos y pocas posibilidades de participar realmente en esa prosperidad compartida.

Ahí es donde la visión del Humanismo Mexicano plantea una discusión de fondo. El cuidado del territorio no puede separarse del bienestar de las familias que históricamente han vivido y protegido esa tierra.

Por eso empieza a crecer una conversación cada vez más importante sobre cooperativas comunitarias, turismo ecológico administrado desde los ejidos, pagos por servicios ambientales y mecanismos que permitan que la protección de Yum Balam también se traduzca en bienestar para el pueblo.

Proteger la selva no solo significa conservar la biodiversidad; también implica reconocer, defender y garantizar el futuro de las comunidades que la han resguardado durante generaciones.

Yum Balam