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Círculo Político MX

"Los retos de la movilidad: cansancio crónico, carreolas, sillas de ruedas y otros sujetos complejos." Por Regina Palacios Cid

El diálogo respecto a la movilidad en la Ciudad de México no es ajeno a ninguna comunidad ni Institución Pública, es un tema latente e importante en cualquier mesa de diálogo, incluso en espacios académicos. “El género en términos espaciales ayuda a mostrar cómo el acceso a los espacios ha sido diseñado de manera androcéntrico y deja fuera no sólo a las mujeres, sino también a las infancias, a las personas con discapacidad y a las comunidades LGTBQ+” Paula Soto Villagrán, académica de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa.

Más allá de poner en la mesa si las y los servidores públicos son o no competentes, es importante tocar que el problema de movilidad no viene de un sexenio u otro, sino de un sistema no-pensado para otro tipo de usuarios ajenos al hombre con capacidades físicas aptas para ser parte de una producción económica masiva.

Lo que sí nos compete es la obligación de repensar los espacios para hacerlos dignos, no sólo accesibles.

Hemos visto diversos videos que se comparten en redes sociales, de personas, que en algunos casos, llegan a puntos de extrema violencia al encontrar carriolas y otros artefactos en transportes públicos; es una realidad. Ya no cabemos. El cansancio crónico de cada participante de la Ciudad de México es notable en cada actividad que realiza, y eso nos lleva a hablar de la urgencia de una nueva visualización de la movilidad, “si se optimiza el espacio, este será usado”. No se necesitan nuevos espacios, sino, una geografía repensada para la dignidad, no sólo la producción.

Propiciar la reestructuración a través de una evaluación empírica ayudará a fomentar los sentidos de empatía y comunidad, pues, hablar de la poca empatía no es más que un efecto blassé (concepto de Simmel, que nos habla de una sensación de apatía y desapego hacia el entorno urbano resultado del caos y sobreestimulación constante) que también engloba a las y los trabajadores de los sistemas de transporte.

La movilidad y su dificultad reta a la independencia de usuarias y usuarios disidentes, el poder acceder a actividades culturales, centros médicos, trabajo o escuelas.

En términos personales, el dilema me fue más significativo cuando al intentar ingresar a una unidad de transporte Trolebús (CEEM-036) un 1 de noviembre del 2025 me encontré con una “indicación de gobierno” para no dejar ingresar carriolas. La “indicación” no era más que una instrucción hablada entre la Secretaría de Movilidad dada a algunos de sus conductores pues, en palabras del conductor “las mamás peleábamos con las personas con discapacidad por el espacio designado para los instrumentos de movilidad”. Las y los usuarios que estaban en la unidad de Trolebús, manifestaban la inconformidad contra el conductor al decirme con un tono de voz alto, en cuanto iba subiendo al transporte con mi hijo dormido en una pequeña carriola de bastón, que no podía ingresar, o la guardaba o debía bajar. El conductor se reusó avanzar, con tonos poco alejados a la empatía repetía que era indicación de gobierno, a lo que un usuario respondió “el gobierno no viaja en transporte público”.

Como mujeres, la posibilidad de apoyarnos con una carriola cuando las infancias representan una carga física significativa no es un asunto menor ni ajeno: es una cuestión de dignidad, no sólo movilidad. Sin embargo, la realidad muestra que, aún hoy en día, las carriolas, son utilizadas en algunos casos, como medio de movilidad alternativo para personas que no cuentan con los recursos para adquirir una silla de ruedas.

La justicia espacial no debe ser un juego de “unos por otros”, traducido a “personas con discapacidad sí, madres con carriolas no”, rozando el aplastamiento de derechos humanos básicos. Se trata de adaptar el espacio a términos tan simples como admitir que debemos voltear a ver el sistema de transporte público desde sus inicios ¿Qué necesitamos para acabar con el cansancio que nos crea el transporte? Una pregunta tan simple que englobará todas las realidades y pone la esperanza y responsabilidad de observar qué hace falta, porque en México todos debemos caber.