El sismo que cimbro el sur mexicano por la mañana del día 2 de enero del 2026, pareciese una antesala al sismo que aconteció alrededor de la media noche del 3 de enero, cimbrando al continente americano. Una nación soberana ha sido bombardeada en su territorio y se presume el secuestro de su presidente. Este hecho, que aún sigue despertando reacciones, impactará el mercado internacional del petróleo y sumergirá a los mercados americanos en momentos de turbulencia. Se provocará, como hace unos años, un nuevo movimiento de refugiados que huyan de esta guerra. Más aún, todo el aparato ideológico y de propaganda se encuentra a tope, escribiendo y justificando las mentiras con las que hoy se asumen autoridad para arrebatar la tierra, los recursos, la libertad y la dignidad de millones de personas, de un pueblo soberano. Debemos mantenernos alerta frente a la oleada de desinformación que se acontece.
Tras más de 30 años de paz en el continente, o lo más cercano que permitieron las guerras proxys que ha desatado la supuesta “Guerra contra las drogas”, tras la invasión a Panamá ocurrida en 1989 no se había registrado un ataque directo de las fuerzas armadas estadounidenses sobre una nación soberana en el continente. Con este acto, se desmonta de un “tuitazo” todo el andamiaje de relaciones internacionales que se ha construido en la región, incluyendo la OEA y la CELAC. La gravedad de esta situación no es solo por el funesto ataque, sino por la fragilidad de los mecanismos de solución pacifica que parecen ser una alternativa cada vez más lejana.
La antesala del genocidio palestino se replica en nuestro continente, perpetrado por los mismos autores intelectuales que hoy tienen en hambruna, miseria y absoluta crueldad a cientos de miles de palestinos; hoy, regodeándose en su fuerza, hacen sangrar a nuestra América.
México como nación soberana y pacifica debe condenar este atentado a la paz y establecer sanciones sobre el gobierno norteamericano. No hay ningún pueblo elegido como alguacil del mundo, ni mucho menos, gobiernos encabezados por la peor calaña de la burguesía estadounidense. Lo que hoy hacen impunemente en Venezuela lo replicarán mañana en Colombia, Cuba, México o cualquier país soberano que decida elegir un gobierno con vocación humanista. En esta humilde pluma, nos sumamos a la solidaridad con el pueblo de Venezuela que vive angustiosos momentos y condenamos con total repudio a apátridas y conservadores de todos los orígenes que en estos momentos deben estar extasiados.
Como dijese José Martí: El amor, madre, a la patria / no es el amor ridículo a la tierra, / ni a la yerba que pisan nuestras plantas; / Es el odio invencible a quien la oprime, / es el rencor eterno a quien la ataca.
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Viva la América Latina Libre, viva la patria bolivariana y viva la soberanía de los pueblos.




