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Círculo Político MX

Mark Carney revela que Canadá se preparó ante un posible ataque de Estados Unidos

El primer ministro de Canadá, Mark Carney, reveló que su gobierno analizó cómo responder ante el escenario extremo de una eventual acción militar de Estados Unidos contra territorio canadiense, en medio de las reiteradas declaraciones de Donald Trump sobre la posibilidad de convertir a Canadá en el llamado “estado número 51”.

La revelación ocurrió durante una entrevista con The New York Times, publicada el 23 de septiembre, mientras Carney se encontraba en Nueva York para participar en la 81 Asamblea General de las Naciones Unidas. El mandatario canadiense evitó proporcionar detalles sobre las medidas consideradas, pero confirmó que su gobierno tomó en serio el riesgo suficiente como para estudiarlo.

Carney describió la posibilidad como un “riesgo extremo” dentro de la gestión gubernamental. Su argumento fue que un jefe de gobierno tiene la responsabilidad de contemplar escenarios poco probables cuando las consecuencias potenciales serían graves, aunque aclaró que una intervención militar estadunidense no constituye el escenario base de su administración.

La declaración coloca una nueva pieza en la compleja relación entre los dos países norteamericanos, marcada durante los últimos meses por las amenazas comerciales de Washington, las referencias de Trump a una eventual incorporación de Canadá a Estados Unidos y los esfuerzos de Ottawa por reducir su dependencia económica y estratégica de su vecino.

Carney reconoce que se evaluó el escenario militar

La declaración del primer ministro canadiense no significa que haya anunciado públicamente un plan militar detallado para enfrentar una invasión estadunidense.

Carney confirmó que su gobierno estudió el riesgo y que consideró necesario prepararse para un escenario extremo. Sin embargo, cuando fue cuestionado sobre qué medidas concretas se habían contemplado, decidió no ofrecer información.

La precisión es relevante porque en enero de este año ya habían circulado reportes sobre ejercicios teóricos de las Fuerzas Armadas canadienses relacionados con una eventual agresión estadunidense. Según información recuperada por EFE, aquel análisis militar no constituía un plan operacional de guerra, sino un ejercicio hipotético para estudiar las consecuencias de una invasión ante la enorme diferencia de capacidades militares entre ambos países.

El planteamiento habría considerado la posibilidad de que Canadá perdiera posiciones convencionales rápidamente y tuviera que recurrir posteriormente a otras formas de resistencia. No obstante, las autoridades canadienses habían subrayado entonces que el escenario era altamente improbable.

Ahora, las declaraciones de Carney confirman que la posibilidad también fue analizada desde la esfera política y gubernamental.

La sombra del “estado número 51”

El origen de esta evaluación se encuentra en buena medida en las reiteradas declaraciones de Donald Trump sobre Canadá.

El presidente estadunidense ha planteado en distintas ocasiones que Canadá debería convertirse en el estado número 51 de Estados Unidos. Aunque en enero de 2025 descartó utilizar la fuerza militar para anexar al país vecino, posteriormente habló de utilizar “fuerza económica” para presionar a Ottawa.

La retórica ha coincidido con una escalada de tensiones comerciales.

Las negociaciones entre Washington y Ottawa para alcanzar un nuevo acuerdo comercial se deterioraron durante el verano y terminaron en una nueva etapa de confrontación arancelaria. De acuerdo con la Canadian Press, después del fracaso de las conversaciones comerciales, Trump impuso aranceles de 50 por ciento sobre determinados productos canadienses, mientras Canadá respondió posteriormente con medidas comerciales contra importaciones estadunidenses.

En ese contexto, las declaraciones de Carney adquieren una dimensión que va más allá de lo estrictamente militar: muestran hasta qué punto el gobierno canadiense está incorporando escenarios de presión estadunidense en su planificación nacional.

Canadá busca reducir su dependencia de Estados Unidos

El análisis del riesgo militar forma parte de un proceso más amplio de revisión de la relación bilateral.

El gobierno de Carney ha impulsado una estrategia para diversificar sus vínculos comerciales, económicos y de defensa. En septiembre, su administración informó que buscaba ampliar las relaciones con Europa y otros socios internacionales, al tiempo que reforzaba capacidades propias en sectores considerados estratégicos.

La estrategia también alcanza ámbitos tecnológicos y de seguridad.

Durante la entrevista con The New York Times, Carney habló de la necesidad de disminuir la dependencia canadiense de proveedores estadunidenses en determinadas áreas, incluida la tecnología satelital. También abordó la revisión de la compra de aviones de combate F-35, un programa que su gobierno analiza en el contexto de la transformación de las relaciones con Washington.

Desde Ottawa, la diversificación se ha presentado como una estrategia para fortalecer la resiliencia y la autonomía del país frente a un entorno internacional más incierto.

El gobierno canadiense informó este mes que busca ampliar sus vínculos con socios europeos en materia de comercio, inversión y seguridad. Carney también ha planteado una relación más profunda con la Unión Europea, mientras Canadá fortalece acuerdos y alianzas con otros países.

Una relación que sigue siendo necesaria para ambos países

Pese a la tensión, Carney dejó claro en su conversación con el diario estadunidense que mantiene comunicación frecuente con Trump.

Según el primer ministro, ambos mandatarios han hablado incluso después de la ruptura de las negociaciones comerciales. Carney ha descrito esa relación como una en la que ambos pueden comunicarse directamente y abordar sus diferencias.

La situación refleja una paradoja: Canadá está buscando reducir su vulnerabilidad frente a Estados Unidos al mismo tiempo que ambos países mantienen una profunda integración económica, energética, industrial y de seguridad.

Por ello, Ottawa no plantea simplemente cortar vínculos con Washington. La estrategia consiste en ampliar las alternativas disponibles para Canadá.

La propia administración de Carney ha planteado que el país necesita construir mayor fortaleza interna y diversificar sus asociaciones internacionales. En septiembre, el gobierno canadiense anunció nuevas iniciativas para ampliar relaciones económicas y de defensa con socios europeos y otros países.

El contexto internacional también está cambiando

La declaración sobre un posible ataque estadunidense llega, además, cuando Canadá está reforzando su participación en estructuras multilaterales de seguridad.

El gobierno canadiense mantiene su participación activa en la OTAN y en julio Carney confirmó que Canadá asumiría nuevas responsabilidades como nación marco de una división multinacional de la alianza en el norte de Europa. También extendió hasta 2031 la Operación REASSURANCE, mediante la cual las Fuerzas Armadas canadienses contribuyen a las medidas de disuasión y defensa de la OTAN.

En septiembre, Canadá también participó junto con Estados Unidos y Filipinas en una actividad marítima cooperativa en el Indo-Pacífico, lo que muestra que la cooperación militar entre Ottawa y Washington continúa en otros escenarios pese a las diferencias políticas y comerciales.

Por ello, el anuncio de Carney no implica que Canadá y Estados Unidos hayan pasado de una relación de aliados a una confrontación militar. Lo que confirma es que Ottawa incorporó un escenario de muy baja probabilidad y consecuencias potencialmente enormes dentro de sus ejercicios de gestión de riesgos.

Una advertencia sobre el nuevo escenario bilateral

La revelación de Mark Carney expone el nivel de incertidumbre que ha generado la relación con la administración Trump.

Canadá sigue manteniendo cooperación económica, diplomática y militar con Estados Unidos, pero simultáneamente trabaja para ampliar sus márgenes de autonomía. El gobierno canadiense ha intensificado contactos con Europa, impulsa nuevas alianzas y revisa dependencias consideradas estratégicas.

El primer ministro no afirmó que Estados Unidos esté preparando una invasión ni presentó ese escenario como una amenaza inminente. Su declaración fue más específica: ante la posibilidad de un acontecimiento extremo, consideró que Ottawa tenía la responsabilidad de analizar cómo responder.

Así, la revelación vuelve a colocar la relación Canadá-Estados Unidos bajo los reflectores internacionales, pero también evidencia una transformación más amplia: Ottawa está replanteando sus prioridades económicas, tecnológicas y de defensa en un momento de creciente tensión con su principal socio y vecino.