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Círculo Político MX

"México avanza en turismo comunitario: momento clave para consolidar reglas claras y bienestar para todos"

En el marco del aniversario número 50 del Tianguis Turístico, la titular de Turismo de México, Josefina Rodríguez Zamora, anunció una inversión histórica de 150 millones de dólares en nuevos proyectos turísticos, con una nueva visión entre las que destaca el turismo con una lógica distinta al modelo tradicional: las comunidades no sólo reciben visitantes, sino que diseñan, operan y administran experiencias vinculadas con su territorio, su cultura y sus recursos naturales.

En este contexto, el caso de Grupo Xcaret ha escalado como uno de los temas de fondo que atraviesan al sector. Más allá de un caso específico, lo que hoy está en discusión es la falta de reglas claras para aplicar una ley que representa un avance histórico: la protección del patrimonio cultural de los pueblos originarios.

En un momento de expansión turística, esta ausencia de reglamentación abre un escenario de incertidumbre que puede impactar tanto la inversión como la construcción de un modelo de desarrollo con justicia social.

La Cuarta Transformación dio un paso sin precedentes al reconocer, mediante una ley federal, que la cultura indígena no es mercancía, sino un derecho colectivo. Es un acto de justicia histórica para los pueblos originarios que durante décadas vieron su patrimonio utilizado sin reconocimiento ni beneficios.

Sin embargo, este avance requiere consolidarse con reglas claras que permitan su aplicación efectiva y eviten que la incertidumbre limite su impacto.

El contexto actual del sector turístico evidencia tanto el potencial como los retos. Durante esta edición del Tianguis Turístico, la secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez Zamora, anunció una inversión histórica de 150 millones de dólares en nuevos proyectos turísticos, reflejo de la confianza en México como destino global.

A la par, ha cobrado fuerza una tendencia clave: el turismo comunitario, donde las propias comunidades participan de manera directa en la oferta turística, fortaleciendo la identidad cultural y generando ingresos locales.

Este impulso al turismo comunitario confirma que el modelo de la Cuarta Transformación no está reñido con el desarrollo, sino que apuesta por un crecimiento con bienestar compartido.

Sin embargo, también hace evidente la necesidad de contar con reglas claras que definan cómo se utilizan los elementos culturales, quién autoriza su uso y cómo se distribuyen los beneficios. Sin este marco, el potencial del turismo cultural y comunitario corre el riesgo de diluirse en un entorno de incertidumbre.

En este escenario, el debate que ha detonado el caso Xcaret resuena con fuerza en una industria que depende de la certeza jurídica para operar y crecer. Estados como Quintana Roo, donde el turismo cultural es motor económico, enfrentan un riesgo concreto: la ausencia de lineamientos específicos sobre el uso del patrimonio cultural puede frenar inversiones, generar dudas en proyectos en curso y afectar directamente la generación de empleos.

El turismo no solo se sostiene en su riqueza cultural, sino en la confianza de que existen reglas claras para su desarrollo.

Hoy, el sector se encuentra en una encrucijada. Por un lado, México impulsa nuevas inversiones, promueve el turismo comunitario y avanza en el reconocimiento de derechos culturales; por otro, la falta de reglamentación genera un vacío que impacta tanto a empresas como a comunidades. Sin claridad, el riesgo es que ni se consolide la inversión ni se traduzca en beneficios reales para quienes han resguardado el patrimonio cultural.

El fondo del debate no es si debe protegerse la cultura —eso ya está definido—, sino cómo hacerlo sin frenar el desarrollo. La ley abre la puerta a un nuevo paradigma donde la riqueza cultural puede convertirse en prosperidad para todos. Pero sin reglas claras, ese modelo no puede consolidarse ni garantizar bienestar para las comunidades.

El Tianguis Turístico se convierte así en el reflejo de dos realidades: un sector en crecimiento, con inversiones históricas y nuevas tendencias como el turismo comunitario, y al mismo tiempo, un marco jurídico incompleto que genera incertidumbre. Para entidades como Quintana Roo, el desafío es claro: consolidar un modelo que combine inversión, desarrollo y justicia para los pueblos originarios.

Reglamentar la Ley Federal de Protección del Patrimonio Cultural no es un trámite técnico, es la vía para convertir la justicia histórica en bienestar tangible y para garantizar que el crecimiento turístico se traduzca en prosperidad compartida. Sin reglas claras, no hay certeza; sin certeza, no hay inversión; y sin inversión, no hay desarrollo sostenible.

El caso Xcaret ha detonado una discusión que México ya no puede postergar. Hoy más que nunca, el país tiene la oportunidad de demostrar que puede crecer con justicia, proteger su identidad cultural y construir bienestar para todas y todos. Pero para lograrlo, la ley debe pasar del papel a la práctica. Y eso solo será posible con una reglamentación clara que dé certidumbre al presente y futuro del turismo nacional.