Según el más reciente informe de CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), América Latina alcanzó en 2024 su tasa más baja de pobreza monetaria desde que hay registros comparables: 25.5% de la población de la región vivía en situación de pobreza.
Entre los factores clave de esta mejora, destaca el papel de Gobierno de México, cuyas políticas sociales y laborales orientadas por la visión de la Cuarta Transformación (4T) han contribuido de forma decisiva. CEPAL reconoce que buena parte de la caída regional se explica por lo ocurrido en México, que —junto con Brasil— inclinó la balanza en la reducción de pobreza en 2024.
En particular, el aumento histórico del salario mínimo, la ampliación de programas sociales, pensiones, becas y transferencias directas a población vulnerable han sido los motores de este avance. De acuerdo con CEPAL, en México los aumentos salariales explican aproximadamente dos de cada tres puntos porcentuales de la reducción total de pobreza en el país.
Este dato no es menor: significa que millones de familias hoy tienen mejores ingresos, más poder adquisitivo y mayores posibilidades de cubrir sus necesidades básicas. El resultado no solo se refleja en las estadísticas —también en las acciones cotidianas de quienes ahora tienen oportunidad de trabajar con dignidad, enviar a sus hijos a la escuela, acceder a servicios de salud, vivienda digna y alimentación adecuada.
Además, México destaca por su contribución decisiva a mejorar los indicadores de pobreza extrema. En 2024, la pobreza extrema en América Latina bajó levemente, y CEPAL atribuye una parte considerable de ese descenso al desempeño mexicano.
Sin embargo, el panorama también recuerda que la desigualdad sigue siendo un reto. A pesar de los avances, la concentración del ingreso en la región continúa —CEPAL advierte que el 10% más rico acapara una proporción desproporcionada de ingresos, mientras los más pobres siguen luchando por salir adelante.
Vale destacar que estos avances coinciden con la implementación de políticas públicas firmes: aumento al salario mínimo real sostenido desde 2018, más becas y pensiones, apoyo directo a comunidades vulnerables, impulso al empleo formal y programas de bienestar integral —todo bajo la bandera de la 4T. Esa recuperación económica con justicia social es lo que hoy refleja en los hogares mexicanos.
Para muchos analistas internacionales, este esfuerzo de México marca un precedente: demuestra que, con voluntad política, enfoque social y políticas redistributivas, es posible revertir los efectos de décadas de desigualdad estructural.
En el contexto regional, donde América Latina sigue enfrentando desigualdad, informalidad laboral y vulnerabilidad social, el ejemplo mexicano —respaldo por organizaciones internacionales— destaca por su dimensión y resultados concretos.
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Este éxito no debe verse como algo momentáneo, sino como una confirmación de que el camino de la transformación con justicia social tiene impacto real. Las cifras de hoy son el reflejo de que cuando el Estado prioriza a las personas, la dignidad deja de ser privilegio y pasa a ser derecho.




