El gobierno de México reafirmó su postura histórica de rechazo absoluto al uso de la fuerza en las relaciones internacionales, luego de que la presidenta Claudia Sheinbaum declarara que el país “nunca” estará de acuerdo con intervenciones militares extranjeras, en referencia a la reciente acción de Estados Unidos en Venezuela, que derivó en la detención de Nicolás Maduro.
Durante su conferencia matutina, la mandataria subrayó que, independientemente de las posturas ideológicas o de las críticas que puedan existir hacia determinados gobiernos, México no avala que una potencia extranjera utilice la fuerza militar para imponer cambios de régimen. Señaló que este tipo de acciones vulneran principios fundamentales del derecho internacional, como la soberanía y la autodeterminación de los pueblos.
Una política exterior basada en principios históricos.
Sheinbaum defendió la tradición diplomática mexicana como una política exterior “ejemplar”, construida a lo largo de décadas y reconocida internacionalmente por su apego a la no intervención y a la solución pacífica de controversias. Estos principios, explicó, no son una posición coyuntural, sino una convicción de Estado que ha guiado a México en escenarios internacionales complejos.
Recordó que esta doctrina quedó formalmente establecida con la Doctrina Estrada, que sostiene que México no debe juzgar ni intervenir en los asuntos internos de otros países, respetando la autodeterminación de sus pueblos. Esta visión, dijo, permitió que el país se convirtiera en un referente moral y diplomático en América Latina y el mundo.
Críticas a etapas de debilitamiento diplomático.
En su mensaje, la presidenta también señaló que estos principios se debilitaron parcialmente durante los gobiernos del Partido Acción Nacional, particularmente en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón, cuando la política exterior mexicana se alineó en mayor medida a intereses de potencias extranjeras, alejándose de su tradición histórica de neutralidad activa y diplomacia soberana.
Este señalamiento reabre el debate sobre el papel que México debe jugar en el escenario internacional: uno de subordinación o uno de liderazgo ético, basado en el respeto entre naciones y la solución pacífica de los conflictos.
México y su papel en la historia de la paz internacional.
Sheinbaum evocó momentos clave de la historia diplomática mexicana para ilustrar la coherencia de esta postura. Recordó el respaldo del presidente Lázaro Cárdenas a la República Española durante la Guerra Civil, cuando México se convirtió en refugio para miles de exiliados, defendiendo la democracia y los derechos humanos sin recurrir a la intervención militar.
Asimismo, destacó la participación de México en el Grupo Contadora, un esfuerzo diplomático regional que buscó soluciones pacíficas a los conflictos armados en Centroamérica durante la década de 1980, privilegiando el diálogo sobre la confrontación.
El derecho internacional como límite al uso de la fuerza.
La presidenta enfatizó que México no puede aprobar invasiones ni el uso de la fuerza fuera de lo establecido en la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, incluso cuando existan acusaciones graves contra gobiernos extranjeros. Subrayó que permitir este tipo de acciones sentaría precedentes peligrosos, debilitando el sistema internacional y abriendo la puerta a intervenciones arbitrarias.
“El respeto al derecho internacional no puede ser selectivo”, ha reiterado el gobierno mexicano en distintas ocasiones. La legalidad internacional debe aplicarse por igual a todas las naciones, sin importar su poder económico o militar.
Una postura que trasciende ideologías.
Finalmente, Sheinbaum afirmó que la defensa de la soberanía y la autodeterminación no responde a afinidades ideológicas, sino a principios que trascienden coyunturas políticas. México, dijo, seguirá apostando por la diplomacia, el diálogo multilateral y la cooperación entre naciones como únicas vías legítimas para resolver conflictos internacionales.
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Con esta postura, el país reafirma su vocación pacifista y su compromiso con un orden internacional basado en reglas, respeto mutuo y justicia entre los pueblos, manteniendo una política exterior coherente con su historia, su Constitución y los valores democráticos que defiende.




