El pasado 6 de febrero se constituyó la Coordinación de Mexicanas y Mexicanos en el Exterior del Comité Ejecutivo Estatal de Morena en la Ciudad de México, representando una decisión política de profundo calado estratégico que trasciende un mero nombramiento. La creación de esta coordinación sintetiza de manera tangible la evolución del discurso y la praxis de nuestro partido-movimiento en torno a una de sus bases de apoyo más dinámicas y, a la vez, más complejas de articular: las personas migrantes. Su importancia puede analizarse desde tres ejes fundamentales: la legitimidad política, la capacidad operativa y la proyección programática.
Cabe mencionar que mis compañeras y compañeros nos honraron al nombrar a la compañera Fany Zapp y a un servidor como enlace de esta coordinación con el CEN de Morena y con su responsable, nuestro querido camarada y amigo Alejandro Robles. En esta lógica, y en unidad con compañeras y compañeros migrantes en Estados Unidos y Europa, integrantes del Comité Ejecutivo Nacional y del correspondiente estatal, legisladores y el pueblo mexicano en el exterior, creamos una estructura institucional con visibilidad dentro del entramado del partido y del Estado, convirtiéndola en una coordinación verdaderamente efectiva.
Esta estructura permitirá que las demandas y perspectivas de la comunidad mexicana en el exterior cuenten con un canal directo hacia el corazón del poder legislativo, trascendiendo el ámbito estrictamente partidista local, especialmente en el contexto actual de violencia contra nuestras hermanas y hermanos migrantes, en particular en Estados Unidos.
Frente a la xenofobia, el racismo y la violencia promovidas por la derecha internacional, tenemos la tarea impostergable de constituirnos como un faro de esperanza.
Para las y los militantes y simpatizantes de Morena en el extranjero, particularmente aquellos con raíces en la capital, este nombramiento es una señal clara de que su voz no solo es escuchada, sino que será representada por figuras políticas con capacidad de incidencia real. Se establece así un puente de doble vía más sólido entre el pueblo migrante y la Cuarta Transformación.
Coadyuvar a la construcción de una coordinación auténtica del pueblo migrante implica enfrentar un mosaico de realidades culturales, económicas y sociales, con necesidades específicas y distintos niveles de organización. Por ello, y pese a su complejidad, asumimos esta responsabilidad con convicción y entusiasmo: no solo para negociar o gestionar, sino para transformar las demandas de nuestras hermanas y hermanos migrantes en iniciativas concretas. Desde esta coordinación resulta indispensable impulsar redes más eficientes de comunicación y acción, que faciliten tanto la labor militante como la defensa efectiva de los derechos de las y los migrantes capitalinos.
En Morena asumimos un compromiso claro: el de tener resultados tangibles. Esto incluye la atención de casos consulares, la promoción de la doble nacionalidad y el fomento de la inversión, así como el intercambio de conocimiento de la comunidad en el exterior hacia la Ciudad de México.
Finalmente, y quizá lo más significativo, está la proyección programática de Morena frente a un tema central de la geopolítica moderna: las comunidades transnacionales. El partido ha colocado históricamente a las personas migrantes en el centro de su narrativa de justicia y soberanía; sin embargo, esta coordinación concreta esa narrativa en un plano táctico-estatal. Permite diseñar políticas públicas locales con perspectiva migrante —en cultura, educación, salud o desarrollo económico— y, a la vez, proyectar el modelo de la Cuarta Transformación hacia el exterior de manera orgánica y estructurada.
Desde nuestra trinchera emprendemos la tarea de ser un altavoz fundamental para articular un discurso que una el proyecto transformador con las preocupaciones de las y los mexicanos en el extranjero, desde la defensa de la democracia hasta la crítica a las políticas exteriores que afectan a las comunidades migrantes.
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La constitución de esta coordinación no debe quedarse en un acto protocolario, pues se trata de una necesidad política estratégica orientada a institucionalizar y fortalecer el vínculo entre Morena CDMX y su base migrante. Con todo ello, buscamos enviar un mensaje contundente de inclusión y reconocimiento. En un mundo donde las identidades trascienden fronteras, esta tarea coloca al partido en la capital a la vanguardia de la construcción de un diálogo político moderno, transnacional y efectivo con quienes, aún desde la distancia, siguen siendo parte fundamental del proyecto de nación que Morena encarna.




