Agosto es el Mes de la Juventud, pero ser joven no siempre se siente como tener el futuro asegurado. A veces significa buscar una oportunidad, estudiar y no encontrar trabajo, querer independizarte sin poder pagar una renta o atravesar problemas de salud mental porque no sabes a quién acudir.
Por eso escribo como una joven voz de mi generación y como testigo de algo que no debemos minimizar, hoy existe un gobierno que decidió salir a buscarnos.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha dado una instrucción clara, escuchar a las y los jovenes, encontrarnos donde estemos y construir oportunidades para que nadie se quede atrás. No esperar a que lleguen a una oficina ni limitar el trabajo a discursos conmemorativos.
Por eso se recorren escuelas, calles, colonias y comunidades. Se tocan puertas, se escuchan historias y se busca a quienes durante años sintieron que nadie los veía. No solo para hablarles de un programa, sino para recordarles que su vida importa, que sus sueños importan y que hay un gobierno peleando por ellos.
Hoy se construyen alternativas para estudiar, trabajar, acceder a una vivienda digna, acercarse al deporte, la cultura y la salud mental. Todavía falta mucho y no podemos fingir que los problemas están resueltos. Hay jóvenes esperando una respuesta, y nuestra responsabilidad es llegar hasta ellos.
Pero algo está cambiando, ya no se espera que las juventudes encuentren solas el camino. Hoy el gobierno sale a buscarlas.
Este Mes de la Juventud también debe recordarnos que los derechos que hoy tenemos fueron conquistados por quienes lucharon antes. Honrar esa historia significa seguir avanzando, cuidar lo ganado y no permitir retrocesos.
A cada joven que se siente olvidado quiero decirle: no estás solo. La tarea está en marcha y nadie se va a quedar atrás.
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