Desde hace rato que México ya no está en la periferia de la geopolítica. Está en medio. La envidia y el terror que le tiene el gobierno de Estados Unidos a China no es solo un tema “comercial”. Es una disputa por el control del futuro: energía, tecnología, cadenas de suministro y minerales estratégicos.
Ahí es donde México dejó de ser espectador. Ya lo he mencionado antes, el recurso clave ya no es solo el petróleo, es el litio. Un mineral indispensable para baterías, autos eléctricos y almacenamiento de energía. Es decir, para la transición energética global.
Estados Unidos está buscando a marchas forzadas reducir su dependencia de China en sectores estratégicos pero China tiene ventaja en la carrera tecnológica. Por eso el reordenamiento global se está dando en tres pasos:
• Estados Unidos quiere asegurar cadenas de suministro en América del Norte
• China busca mantener su dominio industrial y energético
• Y América Latina se convierte en territorio clave
En ese contexto, México adquiere un papel estratégico, por su ubicación y por sus recursos. ¿Recuerdan el tren interoceánico? ¿Recuerdan la reciente votación de la Suprema Corte para que el litio sea propiedad exclusiva del Estado mexicano? ¿El plan nacional para recuperar el tren como transporte de pasajeros? Soberanía pues. Aquí está la tensión.
México forma parte del T-MEC, profundamente integrado a la economía estadounidense. Pero al mismo tiempo, empieza a tomar decisiones que apuntan a recuperar control sobre sectores estratégicos. El litio es el ejemplo más claro. Al declararlo como recurso exclusivo del Estado, México rompe con la lógica de concesión privada que marcó décadas de política económica. Y también manda un mensaje: no todo está abierto al mercado.
Ese mensaje no pasa desapercibido.
Porque en un escenario donde Estados Unidos busca limitar la influencia china y asegurar recursos estratégicos en su región, cada decisión de este tipo se vuelve geopolítica, y por ello hay algo que rara vez se dice de forma directa: La disputa por el litio también es una disputa contra China. China no solo consume litio. Controla gran parte de su procesamiento global, lo que le permite dominar industrias clave como la fabricación de baterías.
Por eso, para Estados Unidos, asegurar el acceso a minerales en América Latina no es solo economía. Es una estrategia imperialista (de control, de expansión, de despojo). Y México está justo en medio de esa tensión. Sin romper con Estados Unidos, pero sin ceder completamente su margen de decisión.
Hoy conviven dos realidades: Un México que busca posicionarse en la disputa global por recursos estratégicos, y otro que sigue operando bajo un modelo de dependencia económica, como el caso del turismo en sudcalifornia. Y para ello Baja California Sur está más cerca del segundo. No por falta de capacidad. Sino por falta de integración al nuevo modelo y falta de visión de estado.
México está intentando decidir sobre su futuro en un mundo dominado por dos potencias. Entre Estados Unidos que busca controlar su entorno… y China que ya controla buena parte del mercado global. La pregunta incómoda ya no es geopolítica. Es territorial:
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¿quiénes van a formar parte de ese nuevo México… y quiénes van a quedarse dependiendo del viejo modelo? me parece que la presidenta está respondiendo a esto no solo en la narrativa durante la mañanera sino también en sus relaciones exteriores. Valdría la pena en Baja California Sur, apliquen lo aprendido en materia de soberanía.




