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Círculo Político MX

"Que la única preocupación de los jóvenes sea prepararse: el caso de Colima." Por Santiago Chipres 

Hay imágenes que hablan por sí solas. La de un estudiante que no tiene que elegir entre comer o pagar una inscripción, entre trabajar en la obra o comprar útiles, entre rendirse o endeudarse, es una de las más poderosas que un gobierno puede proyectar. Esa imagen empieza a ser cotidiana en Colima.

Hace unos días, la gobernadora Indira Vizcaíno anunció una inversión de 60 millones de pesos para cubrir la inscripción de todas y todos los estudiantes que cursen una carrera profesional en universidades públicas del estado. La cifra es importante, pero lo verdaderamente histórico es el significado: Colima se consolida como el primer estado del país en becar a la totalidad de sus estudiantes de escuelas públicas, desde preescolar hasta la universidad. No es un apoyo parcial ni un programa piloto. Es una política de Estado con nombre y visión de largo plazo.

A esa decisión estatal se suma la sensibilidad local. En Manzanillo, la presidenta municipal Rosi Bayardo mantiene un programa de becas de 9 mil pesos para cada estudiante universitario de instituciones públicas. Cifra nada menor si consideramos que, en muchos hogares, ese monto representa la diferencia entre continuar o abandonar. Una misma convicción: la educación no es un gasto, es la inversión más rentable que puede hacer una sociedad.

Conviene recordar de dónde venimos. Cuando el expresidente Andrés Manuel López Obrador asumió su encargo, uno de los grandes retos que encontró fue contener la deserción estudiantil. Durante décadas, el periodo neoliberal impuso una lógica perversa: jóvenes que debían asumir dobles responsabilidades —ser proveedores en sus hogares y, al mismo tiempo, cubrir los

gastos de sus estudios—. Las cuotas de inscripción, por modestas que parecieran, eran una barrera infranqueable para miles. Fue así como el programa Jóvenes Construyendo el Futuro atendió esa fractura, principalmente en educación media superior, y logró revertir una estadística heredada que condenaba al abandono a quien no podía pagar.

Pero la inercia no se detiene con un solo programa. Se frena con continuidad, con convicción y con territorio. En Colima, la gobernadora Indira Vizcaíno centró sus políticas de gobierno en impulsar apoyos que van al corazón del problema: becas, material y uniformes escolares a través de “Colibecas”, un programa que abraza a las familias desde la educación básica. Luego vino el respaldo federal: cuando la doctora Claudia Sheinbaum llegó a la presidencia, impulsó la Beca Rita Cetina, reforzando una ruta que Colima ya había comenzado a trazar con recursos propios y mucha determinación. El resultado es una red de protección educativa que hoy cubre todos los niveles, sin dejar cabos sueltos.

México vive un momento clave en el tablero global. Hoy tenemos una ventana histórica de reindustrialización que no se va a sostener con ocurrencias ni con mano de obra barata. Se va a sostener con técnicos, con ingenieros, con profesionales formados en universidades públicas que decidan quedarse aquí a aplicar su conocimiento, a innovar, a echar raíces. Ese es el verdadero blindaje de una nación: tener a sus mejores mentes resolviendo problemas locales y compitiendo de tú a tú con el mundo, sin complejos ni dependencias.

Lo que está haciendo Colima no es solo una política educativa generosa. Es una apuesta de largo aliento que entiende el momento justo que nos toca como país. Porque cuando un estado beca al 100% de sus estudiantes, no solo les cambia la vida a ellos: le cambia el futuro a un México que necesita con urgencia que su talento se forme, se quede y transforme. La

soberanía no se defiende solo con discursos; se defiende con aulas llenas, con matrículas cubiertas y con jóvenes que saben que su único trabajo es prepararse para lo que viene.