En la política municipal, donde con frecuencia el discurso intenta sustituir a los resultados y la costumbre se disfraza de gobernabilidad, tengo la convicción de que una regiduría solo cobra verdadero sentido cuando ejerce su función con responsabilidad, criterio técnico y compromiso social.
No basta con ocupar un espacio en el Cabildo; es indispensable utilizarlo para señalar lo que no funciona, corregir inercias y actuar donde más se necesita. Bajo esa premisa presento el balance de actividades correspondiente al año 2025, como Séptimo Regidor de Coacalco para el periodo 2025–2027.
Durante este año participé en 45 sesiones ordinarias de Cabildo. Mi presencia no fue automática ni decorativa. Cada sesión representó una oportunidad para ejercer una función fundamental del órgano colegiado: deliberar, cuestionar y vigilar el actuar de la administración pública municipal.
En ese marco fijé posicionamientos claros sobre el incumplimiento de diversas direcciones municipales respecto a las metas establecidas en el Presupuesto Basado en Resultados. Este modelo presupuestal no es un concepto abstracto ni una exigencia burocrática: es un instrumento diseñado para asegurar que los recursos públicos se traduzcan en beneficios reales y medibles para la población.
Exigir resultados implica incomodar, porque obliga a respaldar decisiones con datos, indicadores y evidencia. Sin embargo, normalizar el incumplimiento o mirar hacia otro lado solo profundiza la brecha entre gobierno y ciudadanía. Por ello, desde esta regiduría insistí en que el presupuesto no puede ser entendido como un ejercicio contable, sino como una herramienta de política pública orientada al bienestar colectivo.
Uno de los temas que abordé con mayor firmeza fue el desempeño del Instituto Municipal de Planeación (IMPLAN). Desde la regiduría solicité formalmente que se informara cómo fueron solventadas ocho observaciones emitidas por el Órgano Superior de Fiscalización del Estado de México (OSFEM) durante el primer trimestre del año. Estas observaciones no son menores ni administrativas: reflejan áreas de riesgo que, de no atenderse con seriedad, pueden comprometer la planeación, la legalidad y la viabilidad financiera del municipio.
Ante la falta de respuesta clara y oportuna por parte de la dirección del IMPLAN, llevé el tema a Cabildo. Lo hice convencido de que la planeación sin rendición de cuentas no es planeación, sino simulación institucional. El silencio administrativo no puede convertirse en una práctica aceptada, mucho menos cuando se trata de observaciones realizadas por el órgano fiscalizador del estado.
En la misma lógica preventiva, manifesté mi postura para evitar la reconducción presupuestal hacia la Dirección de Seguridad Pública sin el debido sustento técnico y normativo. Mi posicionamiento fue claro: mover recursos sin planeación adecuada, sin análisis de impacto y sin alineación a objetivos específicos expone al municipio a posibles observaciones del OSFEM.
Prevenir errores financieros no es obstaculizar la gestión, es proteger al municipio de consecuencias futuras que podrían afectar su estabilidad administrativa y presupuestal.
El trabajo en Cabildo no puede limitarse a la fiscalización. Gobernar también implica proponer. Por ello exhorté al Director del Deporte a elaborar un catálogo municipal de deportistas de alto rendimiento. Identificar, visibilizar y dar seguimiento al talento deportivo local no es un gesto simbólico; es una estrategia para generar oportunidades, fortalecer la identidad comunitaria y proyectar al municipio en ámbitos estatales y nacionales. El deporte, bien gestionado, es una política social de alto impacto.
Paralelamente, impulsé acciones de gestión social con impacto directo en la población. Durante 2025 participamos en la entrega de lentes para mejorar la calidad de vida de personas con problemas visuales, sillas de ruedas para promover mayor autonomía y movilidad, así como colchones destinados a personas en situación vulnerable y a asilos. Estas acciones no responden a una lógica asistencialista, sino a una visión humanista que coloca la dignidad de las personas en el centro de la acción pública.
Asimismo, realicé gestiones de apoyo para jóvenes deportistas y estudiantes, convencido de que el desarrollo municipal se construye fortaleciendo el capital humano. Invertir en juventudes no es una consigna política; es una necesidad estratégica para cualquier municipio que aspire a un futuro con cohesión social y oportunidades reales. En ese espíritu fundé el equipo de triatlón Spartans MX, un proyecto que promueve disciplina, salud, trabajo en equipo y sentido de pertenencia comunitaria.
Mi labor también trascendió el ámbito estrictamente municipal. Durante el año participé como ponente en distintos espacios de reflexión y análisis. En el Senado de la República abordé el tema de la violencia deportiva, un fenómeno creciente que requiere atención desde la prevención, la educación y la regulación. En la Universidad Nacional Autónoma de México reflexioné sobre el papel del regidor en la economía municipal, subrayando la importancia de la toma de decisiones informada y responsable a nivel local.
En instituciones educativas compartí con jóvenes los riesgos y consecuencias del uso del vapeo, una problemática de salud pública que suele minimizarse. Asimismo, participé en el Primer Congreso Estatal de Humanismo Mexicano con la ponencia “De Obrador a Sheinbaum”, una reflexión sobre el momento político que vive el país y la necesidad de transitar hacia un modelo de gobierno con mayor sensibilidad social y responsabilidad institucional.
Estos espacios no representan protagonismo personal. Son plataformas donde la experiencia municipal dialoga con la academia, la política nacional y la sociedad civil. Estoy convencido de que la política local también produce ideas, diagnósticos y propuestas que deben ser escuchadas más allá del territorio municipal.
Los reconocimientos y la visibilidad pública que han acompañado este trabajo no son un fin en sí mismos. Para mí, representan un aliento y una responsabilidad adicional. Son la señal de que una ruta basada en la crítica responsable, la gestión social y la participación informada puede generar confianza ciudadana.
Al cerrar este balance anual reafirmo mi compromiso con la justicia social, el bienestar colectivo y la vigilancia permanente del ejercicio público. Gobernar no es administrar inercias ni repetir fórmulas agotadas. Gobernar es anticipar riesgos, corregir desviaciones y actuar con visión de largo plazo.
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El reto continúa. Desde el Cabildo seguiré trabajando para que Coacalco avance hacia un modelo de gobierno más transparente, más humano y más eficaz. Un municipio donde las decisiones se tomen con base en hechos, no en discursos, y donde la política vuelva a tener sentido para la gente a la que debe servir.




