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Círculo Político MX

"Reforma electoral con visión de futuro." Por Aneth García

Nuestra presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha abierto nuevamente un debate necesario, modernizar la vida electoral del país para que responda a las realidades actuales. La reforma electoral que viene no debería ser un “golpe” a la democracia, al contrario, debe ser una corrección histórica para fortalecerla, reducir excesos y acercarla a la ciudadanía.

Yo crecí viendo la política desde lo local, desde muy pequeña acudí a reuniones, recorridos, elecciones en mi municipio, gente que se organiza con lo que tiene, y comunidades donde cada voto se vive con la seriedad que merece. Y por eso sostengo en que la democracia no puede convertirse en un lujo, a mí me mueve la idea de que la política tiene que volver a ser una herramienta del pueblo, no una estructura cara que se protege a sí misma.

En este contexto, y reconociendo el esfuerzo de construir una reforma acorde al México de hoy, me parece importante poner sobre la mesa una hoja de ruta para contribuir al debate público con propuestas, desde mi perspectiva, la reforma electoral debería incluir nueve puntos fundamentales:

La primera verdad incómoda es esta: organizar elecciones en México cuesta muchísimo. Para 2024, el propio INE aprobó un presupuesto total de alrededor de 32,767 millones de pesos. Además, se ha señalado en cifras públicas que el presupuesto del INE incluye gasto operativo y recursos específicos para la organización de los procesos electorales, con referencias como 22,322 millones de pesos, incluyendo 9,437 millones ligados a la organización electoral.

Aquí mi postura es muy personal, no podemos seguir normalizando que la democracia sea carísima y que, aun así, la gente sienta que no cambia nada. La ruta debe ser clara, más austeridad electoral, sin bajar estándares, sin poner en riesgo credibilidad y sin debilitar capacidades técnicas. Si hay formas más eficientes de hacer las cosas, hay que adoptarlas.

Uno de los puntos que más debate genera es el de la representación proporcional. Y aquí, mi posición es: sí a eliminar plurinominales en el Senado. El Senado es un espacio de representación territorial y debe responder con más claridad a esa lógica. Pero también creo que en la Cámara de Diputados debe mantenerse la representación de minorías, porque ahí se construye el equilibrio político del país. México no es de una sola voz, y una democracia sana debe permitir que diferentes sectores se vean reflejados, el punto no es borrar a nadie si no hacer más funcional el sistema.

Otro tema indispensable: la eliminación del fuero. No podemos pedirle a la gente que confíe en la política mientras existan privilegios que se sienten como impunidad. La democracia no se defiende con blindajes, y este tema ya está sobre la mesa con iniciativas presentadas desde la mayoría legislativa, como la impulsada por el diputado Alfonso Ramírez Cuéllar, lo cual manda una señal importante, quien sirve al pueblo no puede estar por encima de la ley.

El financiamiento público debe revisarse a fondo, sí. Pero hay un punto que muchas veces se deja fuera de la conversación: la transparencia del dinero privado. Si vamos a hablar de democracia real, tenemos que asegurarnos de que cada peso que entra a la política sea trazable, auditable y explicable. La gente no quiere partidos ricos, quiere partidos con causa, con límites y con rendición de cuentas, sobre todo en tiempos donde la desconfianza se alimenta justo de lo que no se ve.

Millones de mexicanas y mexicanos viven fuera del país y siguen sosteniendo a familias enteras con remesas, con apoyo, y con amor a su tierra. Por eso, garantizar y facilitar el derecho al voto desde el extranjero no debe ser un accesorio, sino un eje democrático. En el proceso 2023-2024, el INE informó que 258,461 personas podrían ejercer su derecho al voto desde el extranjero. Esa cifra, aunque importante, también muestra que aún tenemos un reto, hay muchísima gente que todavía queda fuera por trámites, tiempos, o complicaciones. Y si queremos democracia completa, hay que abrir la puerta, no ponerle candados.

Reglas claras para campañas en redes y guerra sucia digital. Hoy una buena parte de las campañas se juega en TikTok, Facebook, Instagram WhatsApp y anuncios segmentados. Y muchas veces también se juega en la guerra sucia, en bots, en noticias falsas pagadas y operaciones oscuras. No se trata de censurar a nadie, se trata de lo mínimo democrático, que sepamos quién paga, cuánto paga y por qué paga.

Y que existan sanciones reales cuando se usan estas herramientas para ensuciar o manipular.

Simplificar la experiencia de votar. La experiencia de votar debe ser simple, rápida y confiable. Sobre todo pensando en escenarios como 2027, donde se ha discutido el riesgo de duplicidades o complicaciones (como “dos filas” o dos dinámicas de votación). La prioridad debe ser que votar sea fácil, ordenado y sin desgaste para el ciudadano.

Debates obligatorios, útiles y con formato que sirva. Los debates, como están, muchas veces son “por cumplir”. Y la gente lo nota. Deberían ser más cortos, temáticos, con comparaciones claras y, sí, incluso con verificación de datos cuando sea necesario. Hay que darles herramientas a los ciudadanos para decidir mejor.

 

Accesibilidad total al voto. La democracia también es que puedas votar sin obstáculos, hay personas con discapacidad, comunidades indígenas, zonas rurales, y adultos mayores. La reforma debe empujar a que el sistema electoral sea más accesible, más claro y más inclusivo. Que no haya barreras invisibles que terminen expulsando a la gente del derecho más básico.

La reforma electoral debe ser un ejercicio de madurez política. Queremos una democracia fuerte, cercana y moderna, entonces hay que atrevernos a reformarla con visión de futuro, por el bien de México, y por el respeto a la voluntad popular.