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Círculo Político MX

Sheinbaum pide estudiar la baja natalidad en México: INEGI analizará por qué los jóvenes tienen menos hijos

La transformación demográfica de México ya forma parte de la agenda de planeación del Gobierno federal. Ante la disminución de la fecundidad y el incremento de la edad mediana de la población, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo solicitó al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en coordinación con la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones, realizar un análisis detallado para entender qué está detrás de la decisión de cada vez más personas jóvenes de postergar la maternidad y paternidad o decidir no tener hijos.

 

El planteamiento surgió durante la conferencia presidencial de este 23 de septiembre, luego de que los datos demográficos mostraran cambios relevantes en la estructura de la población mexicana. Sheinbaum señaló que no basta con conocer cuántos hijos tienen actualmente las familias: también es necesario investigar las razones sociales que están modificando las decisiones reproductivas de las nuevas generaciones.

 

La instrucción apunta hacia un estudio con información desagregada y una lectura multidisciplinaria que permita incorporar variables sociales y culturales. La presidenta planteó que el fenómeno debe analizarse desde campos como la sociología y la psicología social, entre otras especialidades, para conocer con mayor precisión las circunstancias que enfrentan los jóvenes.

 

México cambia y la estructura de su población también

 

Los datos oficiales permiten dimensionar el cambio. El Panorama Sociodemográfico de México 2025, elaborado por el INEGI, reporta una población de 130.4 millones de personas y establece una edad mediana de 32 años: esto significa que la mitad de la población tiene esa edad o menos.

 

La cifra adquiere relevancia cuando se observa junto con la evolución de los nacimientos.

 

De acuerdo con la Estadística de Nacimientos Registrados, en 2015 se registraron 2 millones 353 mil 596 nacimientos, mientras que para 2024 la cifra descendió a 1 millón 672 mil 227. En el mismo periodo, la tasa de nacimientos registrados por cada mil mujeres en edad fértil pasó de 70.1 a 47.7.

 

El comportamiento no fue completamente lineal. La pandemia de COVID-19 produjo una caída particularmente pronunciada en 2020, cuando se registraron 1 millón 629 mil 211 nacimientos. Posteriormente hubo una recuperación parcial, pero la tendencia descendente volvió a hacerse evidente: 1.91 millones en 2021, 1.89 millones en 2022, 1.82 millones en 2023 y 1.67 millones en 2024.

 

Estos datos no permiten, por sí mismos, determinar por qué las personas tienen menos hijos. Precisamente ahí se encuentra el motivo de la investigación solicitada por Sheinbaum: pasar de la medición estadística a una explicación más amplia del fenómeno.

 

La pregunta central: ¿por qué los jóvenes tienen menos hijos?

 

La presidenta puso sobre la mesa un cambio que no puede explicarse únicamente mediante una cifra demográfica.

 

El análisis que pidió contempla estudiar a parejas que deciden no tener descendencia, familias que optan por tener solamente un hijo y personas que viven solas y no consideran tener hijos dentro de su proyecto de vida.

 

La intención, de acuerdo con el planteamiento presidencial, es identificar los factores que están influyendo en estas decisiones.

 

Aquí entran variables económicas, laborales, educativas, culturales, familiares y sociales. Sin embargo, determinar qué peso tiene cada una requerirá justamente el análisis solicitado a las instituciones responsables de generar y procesar información pública.

 

La investigación también deberá evitar una lectura simplista. Una menor fecundidad no significa que exista una sola causa detrás de las decisiones reproductivas. Las experiencias de las personas pueden ser distintas dependiendo de su edad, entidad federativa, nivel educativo, situación laboral, ingresos, acceso a vivienda, condiciones de pareja y expectativas personales.

 

Por eso, la desagregación de datos será relevante para identificar diferencias entre grupos de población.

 

Menos niñas y niños: un desafío para la planeación pública

 

Sheinbaum llamó la atención sobre otro dato relacionado con la estructura por edades: la proporción de población infantil más pequeña es menor respecto de grupos que hoy tienen algunos años más.

 

El punto tiene una implicación directa para el diseño de políticas públicas.

 

Si cada generación infantil es proporcionalmente menor que la anterior, las necesidades de infraestructura y servicios también pueden cambiar. Escuelas, espacios de cuidado, servicios pediátricos, programas alimentarios, transporte y otros componentes de la política pública podrían enfrentar una demanda distinta en los próximos años.

 

Al mismo tiempo, una población que envejece plantea necesidades adicionales en materia de salud, pensiones, cuidados, movilidad, vivienda y participación laboral.

 

El INEGI ya permite observar esta transición mediante sus indicadores de estructura demográfica. El Panorama Sociodemográfico 2025 confirma que la edad mediana nacional llegó a 32 años.

 

El reto para el Estado consiste entonces en anticiparse a esos cambios y no diseñar políticas únicamente con base en la estructura poblacional del presente.

 

La transformación demográfica obliga a mirar hacia adelante

 

La reducción de la fecundidad tampoco es un fenómeno exclusivo de México. Diversos países han experimentado durante décadas descensos en el número promedio de hijos por mujer, acompañados por un aumento de la edad de la población.

 

En México, los registros del INEGI muestran que la tendencia viene de años atrás. La información censal de 2020 reportó una tasa global de fecundidad de 1.88 hijos por mujer para 2019, con diferencias importantes entre entidades federativas.

 

Por ello, el estudio solicitado por la presidenta tendrá que considerar no solamente el comportamiento nacional, sino también las diferencias territoriales.

 

Una entidad con población predominantemente joven puede enfrentar necesidades diferentes a otra con una estructura de edad más avanzada. Lo mismo ocurre entre zonas urbanas y rurales o entre regiones con distintas condiciones económicas y laborales.

 

La información desagregada permitirá observar esas diferencias con mayor precisión.

 

Datos para decidir, no solamente para contar

 

La solicitud de Sheinbaum coloca al INEGI y a la Agencia de Transformación Digital ante una tarea que rebasa la elaboración de una estadística convencional.

 

El objetivo es utilizar grandes volúmenes de información para comprender una transformación social que tendrá efectos sobre la planeación nacional.

 

La Agencia de Transformación Digital puede aportar capacidades de procesamiento e integración de información, mientras que el INEGI cuenta con experiencia institucional en censos, encuestas y estadísticas demográficas.

 

La combinación de ambas capacidades podría permitir construir una fotografía más detallada de las nuevas dinámicas familiares y reproductivas.

 

La pregunta central es sencilla, pero sus implicaciones son profundas: ¿qué está llevando a una parte creciente de las nuevas generaciones a tener menos hijos o a decidir no tenerlos?

 

Responderla con datos permitirá distinguir entre tendencias generales y realidades específicas.

 

Una nueva realidad demográfica para México

 

El cambio en la fecundidad obliga a pensar en el México de las próximas décadas. Menos nacimientos significan, con el paso del tiempo, generaciones más pequeñas, mientras que el incremento de la edad mediana anticipa una sociedad con mayor peso relativo de los grupos adultos y mayores.

 

La información disponible ya muestra que el proceso está en marcha: la edad mediana nacional alcanzó 32 años y los nacimientos registrados disminuyeron de más de 2.35 millones en 2015 a 1.67 millones en 2024.

 

Ahora, el Gobierno federal busca conocer las razones que están detrás de esa transformación.

 

El estudio solicitado por Claudia Sheinbaum apunta a convertir el fenómeno demográfico en información útil para la planeación. No se trata únicamente de contabilizar cuántos niños nacen cada año, sino de entender cómo están cambiando los proyectos de vida, las estructuras familiares y las decisiones de las nuevas generaciones.

 

El resultado de ese análisis podría convertirse en un insumo para diseñar políticas públicas acordes con la composición que tendrá México durante las próximas décadas.