La presidenta Claudia Sheinbaum representa hoy un referente mundial de los movimientos humanistas, de izquierda y progresistas. Como la primera mujer en gobernar un país con papel estratégico en el escenario global, su liderazgo trasciende fronteras. Pero vivimos tiempos convulsos: la llegada al poder de figuras como Trump y Milei no es casualidad, es la manifestación de un nuevo momento en la disputa ideológica global. Nuevas trincheras, nuevos rostros, nuevos métodos. Como advirtió Thomas Mann en La llegada victoriosa de la democracia (1938): "Cuando el fascismo regrese, lo hará en nombre de la libertad".
En este contexto, México enfrenta un bombardeo mediático sistemático. Los medios masivos buscan, día tras día, debilitar al gobierno de la Cuarta Transformación. No podemos permitir que como en otros momentos —recordemos la guerra sucia de "un peligro para México"— el pueblo caiga en la desinformación.
La revolución de las conciencias ha avanzado como nunca antes, pero mantenerla viva y expandirla hacia las redes sociales y los medios tradicionales es urgente. La presidenta Sheinbaum lidia con múltiples frentes: resistencias al cambio verdadero, estructuras de corrupción enquistadas, el aprovechamiento vil de sucesos lamentables —como el asesinato de Carlos Manzo— por parte de la derecha mexicana, y campañas digitales coordinadas como la falsa "marcha de la Generación Z", que además incluyó provocaciones con actos de violencia.
Ante este escenario surge una pregunta ineludible: ¿dónde está nuestra estrategia de comunicación estructurada y clara? No basta con las acciones en territorio. Necesitamos ocupar las redes sociales con contundencia, construir canales con legitimidad que no sólo defiendan los logros, sino que también se atrevan a señalar —con responsabilidad y a tiempo— aquello que aún podemos corregir.
Un ejemplo concreto y urgente: defender y respaldar la aprobación de la Ley General de Aguas. Como documenta Viri Ríos en su reciente columna, esta ley representa la oportunidad más relevante en décadas para frenar el acaparamiento del agua por parte de agroindustriales que se apropiaron del 76% del agua en México. La nueva ley busca prohibir la transferencia automática de permisos entre particulares y crear un Fondo Nacional de Reserva para redistribuir el agua con criterios de equidad social. Esta ley está en disputa. Y debemos defenderla.
Venimos de un movimiento que sabe lo que es tomar las calles de forma pacífica por causas justas. La convocatoria al Zócalo de este próximo 6 de diciembre es valiosa y necesaria, pero no basta. Salgamos de ese aletargamiento. No cedamos a la ausencia de nuestra esencia.
La lucha por los derechos conquistados no debe confiarse nunca. Un grave error en el que han caído algunos sectores dentro del propio movimiento es la comodidad, la frivolidad. Se les olvida que hay quienes dieron la vida para que en 2018 comenzara la cuarta transformación. Los grandes mafiosos del poder económico no descansarán en sus intentos desestabilizadores. No podemos permitirnos la inmovilización ni la soberbia.
Si algo nos enseñó el mejor comunicador político que ha tenido este país, y líder moral de nuestro movimiento, Andrés Manuel López Obrador, es que la lucha es incansable y se sostiene con auténtica cercanía al pueblo de México. Dadas las coyunturas que vivimos, no sólo el caminar casa por casa es fundamental: debemos también disputar cada espacio digital, cada plataforma, cada narrativa que pretenda distorsionar la verdad.
El momento exige claridad y compromiso. Respaldar el trabajo de la presidenta Claudia Sheinbaum es un acto de congruencia con la transformación que construimos juntos. Mantener vigente la esencia y el espíritu de la regeneración nacional requiere coordinarnos y organizarnos. Requiere aperturar espacios para abrir un debate serio sobre dónde estamos y hacia dónde debemos ir.
No se trata de callar las voces críticas, sino de canalizarlas hacia la construcción colectiva. No se trata de negar los desafíos, sino de enfrentarlos con la misma determinación con la que enfrentamos décadas de lucha antes del 2018.
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Las trincheras siguen ahí. Y necesitan de cada una y cada uno de nosotros.




