La reciente resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre Yum Balam abrió una discusión que no puede quedarse solamente en el terreno jurídico o ambiental. La sentencia fortaleció la protección ecológica de una de las reservas más importantes del país, pero también dejó a miles de ejidatarios y comunidades del norte de Quintana Roo frente a una pregunta urgente. ¿Cómo van a subsistir ahora que gran parte de las posibilidades de desarrollo dentro de su propio territorio quedaron limitadas?
Aunque la resolución reafirma correctamente la obligación del Estado mexicano de proteger ecosistemas estratégicos frente a los ecos del modelo neoliberal y la depredación inmobiliaria, también deja abierta una realidad social que debe atenderse con visión de justicia territorial y bienestar colectivo.
Esa visión coincide con el proyecto ambiental impulsado por la Cuarta Transformación bajo el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum y con la política territorial promovida en Quintana Roo por la gobernadora Mara Lezama, donde el desarrollo debe construirse con sustentabilidad, prosperidad compartida y justicia social.
Aunque los ejidatarios mantienen legalmente la propiedad de la tierra, muchas comunidades sienten que hoy tienen menos posibilidades de generar bienestar dentro del territorio que históricamente han habitado y protegido.
Durante años, numerosas familias encontraron en el turismo una de las pocas alternativas para salir del rezago económico. Hoy comienza a surgir una pregunta legítima entre los pobladores. Si ya no pueden desarrollar plenamente proyectos productivos o turísticos en sus tierras, entonces ¿qué alternativas concretas existirán para las comunidades?
Ahí es donde la conversación sobre Yum Balam necesita evolucionar. El reto ya no es únicamente proteger la selva. El verdadero desafío consiste en garantizar que la conservación ambiental también venga acompañada de bienestar para el pueblo.
Porque no puede existir justicia ambiental sin justicia social.
Cooperativas ejidales, turismo ecológico administrado desde las propias comunidades, pagos por servicios ambientales y participación económica directa pueden convertirse en herramientas fundamentales para evitar que las comunidades queden atrapadas entre las restricciones ambientales y la falta de oportunidades.
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Yum Balam representa hoy una oportunidad histórica para profundizar el Humanismo Mexicano y construir un modelo donde la protección de la naturaleza avance junto con la soberanía comunitaria y la prosperidad compartida para el pueblo de Quintana Roo.




