México cuenta con 232 Áreas Naturales Protegidas federales que resguardan cerca de 98 millones de hectáreas. Sian Ka’an, Calakmul, Montes Azules, El Pinacate y Yum Balam forman parte de ese patrimonio natural que la Cuarta Transformación está comprometida a proteger. El tamaño de este patrimonio nos obliga a revisar el modelo con el que fueron concebidas muchas de estas políticas. El viejo modelo neoliberal prianista excluyó a las comunidades de las decisiones sobre los territorios que habitan, una lógica que ya no tiene lugar en la visión humanista de la Transformación.
El cambio debe ser de fondo: una Área Natural Protegida (ANP) necesita mucho más que un decreto para mantenerse viva. Requiere comunidades involucradas, ejidos con capacidad de participar, recursos para vigilancia, educación ambiental, restauración e infraestructura, además de alternativas económicas que permitan generar bienestar sin destruir los ecosistemas. La conservación debe caminar junto con la justicia territorial y el desarrollo sustentable.
Esta es una de las rupturas de fondo que impulsa la Cuarta Transformación frente al viejo modelo neoliberal prianista. La política ambiental debe dejar atrás el conservacionismo de escritorio y asumir una visión de justicia territorial, donde proteger la Madre Tierra vaya acompañado de bienestar, organización comunitaria y prosperidad compartida.
Yum Balam es un territorio ejemplar para llevar esa visión a los hechos. Sus ejidos y comunidades poseen derechos, conocimiento acumulado y una relación histórica con selvas, manglares, humedales y costas. Incorporarlos plenamente a la conservación significa reconocerlos como sujetos políticos del territorio, capaces de participar en las decisiones y de construir soluciones.
Eso requiere una economía comunitaria viable. El desarrollo sustentable de baja densidad, el turismo comunitario, el aprovechamiento responsable, la restauración y los servicios ambientales pueden generar ingresos mientras se respeta la capacidad de carga de los ecosistemas. Cuando conservar representa una alternativa económica digna, la conciencia ambiental deja de depender únicamente de la restricción y comienza a formar parte de la vida productiva de las comunidades.
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El proyecto de nación de la transformación plantea precisamente esa relación entre territorio, bienestar y soberanía ambiental. México necesita Áreas Naturales Protegidas vivas, con comunidades organizadas y con recursos para cuidar aquello que pertenece al patrimonio de todos.




