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Círculo Político MX

Yum Balam y la justicia territorial: La naturaleza necesita comunidades fuertes, no territorios vacíos

Yum Balam

Durante el periodo neoliberal, una élite impuso la idea de que proteger la selva era cercarla y expulsar a quienes la habitaban. Su lógica era simple y cruel: un "conservacionismo de museo". Creían que decretando prohibiciones desde un escritorio, el ecosistema se salvaría por arte de magia, siempre y cuando los pueblos originarios quedaran excluidos del desarrollo.

La realidad de las comunidades rezagadas está desmontando esa enorme injusticia socioambiental. La investigadora en sostenibilidad Cristina Ayala dio en el clavo hace poco: trazar un polígono en un mapa no salva a la naturaleza. Hoy tenemos Áreas Naturales Protegidas que son letra muerta; reservas de papel sin presupuesto ni vigilancia real, pero que han sido sumamente eficientes para empobrecer y arrinconar a los dueños legítimos de la tierra.

Ese es exactamente el nudo del conflicto hoy en Yum Balam. La Cuarta Transformación nos obliga a sacudirnos esa herencia de ver al pueblo como "la amenaza" ecológica. Las comunidades mayas y los ejidatarios son los guardianes históricos de esa riqueza biocultural.

Es vital hacer eco de lo que el Ministro Hugo Aguilar Ortiz dijo en la Suprema Corte: imponer planes de manejo sin Consulta Previa, Libre e Informada a las comunidades es una franca violación a los derechos humanos. Es, en el fondo, un despojo administrativo disfrazado de ecología.

Ya basta del ambientalismo heredado del neoliberalismo que bloqueó el desarrollo y luego se desentendió de la pobreza local. Si de verdad vamos a aplicar el Humanismo Mexicano en el territorio, tenemos que garantizar que la conservación le pague bien a la gente. La salida no es la depredación, sino apostar por esquemas como el turismo de densidad mínima y valor máximo. Hablamos de proyectos comunitarios que funcionen como laboratorios vivos de impacto cero, respaldados por un Fondo de Garantía contra Ecocidios y con tecnología limpia.

La prosperidad tiene que ser compartida o simplemente no es justa. La defensa de Yum Balam no se va a lograr multiplicando las prohibiciones en contra de los ejidos, sino haciendo que el cuidado del entorno sea su principal motor económico. La selva exige protección, sin duda, pero necesita comunidades vivas, fuertes y con plena soberanía sobre su destino. Los territorios vacíos y con hambre jamás se han defendido solos.