Saltar al contenido

Círculo Político MX

Yum Balam y la transformación pendiente de las Áreas Naturales Protegidas

Yum Balam

Las Áreas Naturales Protegidas fueron una conquista frente a décadas de depredación, expansión inmobiliaria desordenada y apropiación de los bienes naturales como mercancía. Su existencia es indispensable para preservar ecosistemas estratégicos como los que resguarda Yum Balam. Hoy, la Cuarta Transformación impulsa una concepción distinta de la política ambiental, alejada del viejo modelo neoliberal prianista que reducía buena parte de la conservación a decretos, restricciones y delimitaciones territoriales. La nueva visión coloca en el centro la protección de la naturaleza junto con el bienestar de las comunidades que forman parte de ella.

Yum Balam permite entender con claridad la importancia de este cambio. El área fue decretada en 1994 sobre más de 154 mil hectáreas. El propio decreto establecía que debía contar con un Programa de Manejo en un plazo de un año y ese instrumento llegó hasta 2018. La distancia entre declarar un territorio protegido y dotarlo de capacidades permanentes para conservarlo muestra las limitaciones de aquella visión. Un decreto establece una protección jurídica, pero son el presupuesto, el personal, la vigilancia, la restauración, la educación ambiental y la participación comunitaria los que hacen posible que esa protección exista en la vida cotidiana.

La política ambiental de la Transformación parte de una premisa mucho más cercana al territorio. Las ANP requieren instituciones fuertes, guardaparques, vigilancia, restauración y educación ambiental, pero también comunidades con capacidades, organización y posibilidades reales de participar en la conservación. En Yum Balam existen ejidos, propiedad social y pueblos vinculados históricamente con ese territorio. Incorporarlos plenamente a la protección significa reconocer que el patrimonio natural y el patrimonio comunitario forman parte de una misma realidad.

Esta perspectiva permite darle un sentido social a la conservación. La riqueza natural puede convertirse en bienestar cuando existen alternativas productivas sustentables, capacitación, financiamiento, empleo local e infraestructura adecuada. La protección deja entonces de ser una frontera administrativa y se convierte en una política de desarrollo regional, justicia territorial y prosperidad compartida.

Ahí se encuentra uno de los quiebres más importantes entre ambos modelos. El viejo modelo neoliberal prianista concibió amplios territorios desde una lógica predominantemente regulatoria. La Transformación coloca al Estado como garante de la conservación y, al mismo tiempo, reconoce la capacidad de los ejidos, pueblos originarios y comunidades para participar activamente en el cuidado de sus territorios.

Yum Balam ya cuenta con espacios institucionales para avanzar en esa dirección, como su Consejo Asesor y su Programa de Manejo, cuya revisión pendiente abre la posibilidad de fortalecer la participación social y la corresponsabilidad territorial. La conservación puede adquirir así una dimensión más profunda, donde la comunidad deje de ser vista como un elemento externo a la política ambiental y sea reconocida como parte de su fuerza.